El 8 de marzo no es un día que se celebra, se conmemora. Es un día que nos reúne en las calles a muchas mujeres de distintas etnicidades, clases sociales, …
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Como tribuno y soñador de la educación, con un dilatado andar en el ecosistema universitario, en cierta ocasión invité soñar a un grupo de estudiantes de una maestría multidisciplinaria, que aglutinaba a funcionarios y académicos con trabajo estable, el sueño consistía en abandonar su puesto laboral para emprender su propio destino. Al escuchar tal propuesta, muchos dijeron que era una descabellada idea, pues estaban cómodos y tenían una familia que mantener y otros argumentaban que un profesor de maestría debe pisar tierra y no estar construyendo rascacielos en las nubes.
Una definición generalmente aceptada acerca de los procesos de rezago educativo es la siguiente: Población de 15 años o mayor de esa edad que no ha concluido la educación básica o que no ha participado en ningún programa educativo, tanto no formal como formal. Ello significa que el universo poblacional del rezago educativo abarca tanto a ciudadanas y ciudadanos analfabetas como a quienes no han terminado sus estudios de primaria o secundaria.
Venimos de un pasado donde el burocratismo y varios vicios dentro del sistema educativo mexicano han impedido que las reformas se traduzcan en mejores aprendizajes y ciudadanos conscientes. Hoy vivimos cambios relevantes, en el contexto de la cuarta transformación (4T), que corren el riesgo de fracasar si no se transforma el modo de operar cotidiano. Queremos hablar aquí de estos problemas que se arrastran del pasado y que han creado una cultura organizacional perversa para tocar la campana de alerta y hacer un llamado para cambiarla. De lo contrario, las transformaciones educativas del actual gobierno nunca llegarán al aula, no lograrán sus valiosos objetivos y terminarán como las anteriores reformas educativas en el limbo burocrático.
Sabio es el que aspira una visión de vida para ser libre y más feliz. Como respuesta a esta inquietud de vivir mejor, en el Perú y en muchos países del mundo, este mes de marzo, las escuelas abren sus puertas para transformar y mejorar dramáticamente la vida de millones de personas. En Perú, más de ocho millones de estudiantes con lápiz, papel y cuantiosas ilusiones bajo el brazo volverán a las escuelas.
¿Qué es nobleza como valor humano? La persona noble sabe reconocer los méritos ajenos, es atento para con todos, pero especialmente servicial. Con un gran sentido de la justicia, sin intenciones ocultas, hacen hasta lo imposible para no dañar a nadie. Su energía y riqueza interior les permite dedicarse también a otros, apoyar sus necesidades.
Una situación preocupante se desarrolla en el sistema educativo nacional: la retórica grandilocuente de cambio educativo en la 4T ha servido de pretexto ideal para la exposición pública de un neomacartismo que parece dispuesto a combatir cualquier recuperación del pensamiento de Karl Marx, la tradición marxista y el pensamiento crítico en el sector. Una reacción que, de lograr interpelar a sectores amplios en la sociedad, podría conducir hacia el debilitamiento de la educación pública derivado de la censura no oficial de una tradición heterogénea de pensamiento necesaria para comprender integralmente la sociedad en la que vivimos.
Aunque algunos podamos coincidir, todas y todos pensamos distinto. Aun cuando todos tenemos la capacidad de hablar y la mayoría de escribir, sólo unos saben debatir. ¿Por qué? ¿Cómo adquirimos la facultad de cuestionar una idea o hecho en términos racionales y de manera fundamentada? ¿Por qué es vital e importante el debate en nuestra sociedad?
Quienes nos dedicamos al trabajo académico nos apoyamos en ideas, conceptos y libros de otros académicos o de autores cuya obra trascendió. Tengo dos textos de cabecera que consulto con frecuencia, El príncipe, de Nicolas Maquiavelo y La política como vocación, de Max Weber. Otros escritos en los que me apoyo desde hace décadas son Democracia y educación, de John Dewey; La educación como práctica de la libertad, de Paulo Freire y La educación como imperialismo cultural, de Martin Carnoy.
Parece que la inversión económica y la educación básica son áreas de política distantes o que no se relacionan directamente; sin embargo, conviene reflexionar sobre la forma en que se han estado elaborando las políticas públicas en los últimos 30 años.
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