Todos somos maestros de buena o mala conducta. Hay quienes al vernos, se apartan de la mala y siguen la buena. Otros proceden al revés. Todos enseñamos a los más …
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Hace mucho, alguien me dijo que tener mente de aprendiz le mantenía vivo, expectante, en evolución. Y yo, al igual que la institución que represento, lo creo y vivo así. La capacidad de aprender e introyectar lo aprendido es una habilidad que se cultiva, y también es una forma de vivir, en lo individual y colectivo. Las organizaciones sociales (y todo el universo de la sociedad civil organizada) son entes vivos, que laten y respiran gracias al talento de las personas que las conforman. Estas personas, son quienes —en su más puro ejercicio del derecho a la organización y la manifestación— dan acción a las instituciones sociales.
Esta semana se hizo llegar a la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados una carta suscrita por la gran mayoría, casi la totalidad, de los directores de institutos, centros y programas del subsistema de investigación de la UNAM, el cual se compone de 35 institutos, 13 centros de investigación y 13 programas universitarios. Además, suscriben la misma comunicación la mayoría de los representantes académicos que forman parte de los consejos técnicos de humanidades e investigación científica de la Universidad.
Sobre el tema de este artículo escribí más de una vez en El Diario de la Educación. En cada una, cimbrado por acontecimientos en escuelas mexicanas o estadounidenses.
He elegido este epígrafe y este tema para el artículo de hoy porque, a pesar de mis muchas limitaciones y elementos por mejorar, me identifico completamente con lo que afirma Nietzche y cita Morin en este libro autobiográfico. Con mejores o peores resultados, cada semana pongo en estos textos toda mi vida y toda mi persona. Lo mismo ocurre con mis artículos académicos, sean de investigación empírica o de aportación teórica a mis áreas temáticas.
Como docente frente a grupo, en mis más de dos décadas de servicio ininterrumpido, he considerado a los libros de texto gratuitos como un instrumento valioso y una herramienta necesaria para el fortalecimiento de los aprendizajes de los estudiantes; jamás los he visto como la piedra angular que determine el que un niño, niña o adolescente aprenda o no.
No obstante que había escrito en periódicos estudiantiles y en diarios nacionales, como El Economista y El Financiero, además de una columna en U2000: La crónica de la educación superior y colaboraciones esporádicas en Reforma, no me sentía periodista. No consideraba que escribir editoriales me desempolvaba de mi cubículo y me ponía en la plaza pública. Mas a comienzos de marzo de 2006, una invitación de Pascal Beltrán del Río inició mi evolución. Hoy me percibo como académico y periodista. No encuentro divergencia entre una y otra actividad; tampoco una disociación entre esas profesiones y mi vida personal
Esta temática está relacionada con una obra que terminé de leer cuyo autor es Francisco Imbernón llamada Ser docente en una sociedad compleja. La difícil tarea de enseñar, donde se muestra, desde una visión holística, un panorama sobre la profesión docente y las complejidades a las que se enfrenta en este siglo XXI, de manera tal que invita a recorrer un camino abierto a la discusión y al debate sobre el tema del profesorado y su complejidad
El 8 de marzo no es un día que se celebra, se conmemora. Es un día que nos reúne en las calles a muchas mujeres de distintas etnicidades, clases sociales, nacionalidades, creencias religiosas y posturas políticas para unir nuestros afectos en un objetivo común: visibilizar las brechas y las injusticias sociales que padecen las mujeres y para poner en común las experiencias de discriminación y desigualdad que viven también hombres indígenas, negros, gay, trans, etc. A partir de la década de los setenta se habla de diferentes olas dentro de los movimientos feministas. Hagamos un breve recuento histórico de las luchas de las mujeres a lo largo del tiempo.
Como tribuno y soñador de la educación, con un dilatado andar en el ecosistema universitario, en cierta ocasión invité soñar a un grupo de estudiantes de una maestría multidisciplinaria, que aglutinaba a funcionarios y académicos con trabajo estable, el sueño consistía en abandonar su puesto laboral para emprender su propio destino. Al escuchar tal propuesta, muchos dijeron que era una descabellada idea, pues estaban cómodos y tenían una familia que mantener y otros argumentaban que un profesor de maestría debe pisar tierra y no estar construyendo rascacielos en las nubes.
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