Cuando una estudiante de educación media superior comienza a pensar en su futuro profesional, rara vez toma esa decisión en un vacío. Sus intereses, sus habilidades y sus aspiraciones dialogan …
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En 2005, Amartya Sen publicó su libro intitulado “Identidad y violencia. La ilusión del destino”donde sostuvo que al juzgar a una persona por un solo aspecto de su vida (el religioso, por ejemplo), se perdía de vista quiénes somos en realidad y algo aún peor: líderes y políticos sin escrúpulos podían utilizar la identidad única para atacar a los “contrarios”, ensalzar al camarada y justificar la violencia.
Recibí, hace días, las palabras de un amigo entrañable. Sin permiso, porque no es necesario, las comparto: “Estoy cenando delante de la tele. EEUU e Israel lanzan bombas sobre Teherán y otras ciudades iraníes. Irán lanza misiles contra Tel Aviv. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas está reunido para ver qué puede hacer. Guterres condena todos los ataques. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿No teníamos bastante con los bombardeos sobre Gaza y Kiev? ¿Hemos olvidado Guernica, Varsovia, Berlín, Londres, Leningrado, Hiroshima…? Me cago en Trump, en Netanyahu, en Putin, en Xi Ping, en Hamás, los ayatolas, Milei y Bukele. ¿Vamos a permitir que estos tipejos destruyan la humanidad?
Hace unas semanas, un alumno de secundaria me comentó algo que no se me ha olvidado: —“Nunca había entrado a una escuela pública.” No lo dijo con desprecio. Lo dijo con asombro.
Ese día, estudiantes de una escuela privada y sus familias participaron en una jornada para pintar una escuela pública como parte del proyecto Mi Escuela Primero, de Mexicanos Primero Jalisco. Lo que para algunos era una actividad de servicio, para otros fue un primer encuentro con una realidad que está a menos de una hora de su casa… pero a años de distancia en oportunidades.
Cuando se habla de formación docente en México, suele pensarse en cursos, talleres o diplomados. Pero detrás de esas acciones existe una arquitectura de política educativa más compleja. Un ejemplo es el Programa para el Desarrollo Profesional Docente (PRODEP), que opera en distintos niveles del sistema educativo. Lo relevante no es solo su existencia, sino la forma en que nombra aquello que busca impulsar.
Entre 2018 y 2025, la movilidad de niñas, niños y adolescentes dejó de ser un tema periférico para convertirse en una condición cotidiana que atraviesa a México como país de origen, tránsito y destino. En esa dinámica, la escuela aparece como un punto de choque: ¿qué tan preparado está el sistema educativo para sostener el derecho a la educación cuando las trayectorias son intermitentes, cambiantes y no se ajustan al calendario oficial?
En México la educación básica –inicial, preescolar, primaria y secundaria– ocupa un lugar central en el debate público, en el diseño de políticas educativas y en la asignación de recursos.
Hay una clara apuesta en este sexenio por mejorar la educación media superior. Incluso, parte de la discusión pública se ha centrado en el bachillerato, ya sea por el tema de la cancelación del “examen Comipems” en la zona metropolitana de la Ciudad de México, por el cambio curricular o por la política de expansión de cobertura.
En menos de una década, la inteligencia artificial (con todos los apellidos que ha acumulado) ha pasado de ser una curiosidad tecnológica para tornarse una presencia cotidiana casi inexcusable. Escribimos con ChatGPT, le pedimos una canción a Alexa, una sugerencia a Siri, un domicilio a GPS, pensamos en voz alta con la IA, tomamos decisiones apoyados en ella, incluso le delegamos partes de nuestra intimidad creativa. El resultado es paradójico: nunca habíamos tenido acceso a tanta capacidad «intelectual» externa y, al mismo tiempo, tampoco habíamos ejercido tan escasamente nuestra propia inteligencia. La IA está desecando nuestra inspiración. Un día se van a enfadar Clío (historia), Erato (poesía amorosa) y Talía (comedia), y nos abandonarán, porque musa que no es visitada siente que no es adorada.
En estas vacaciones, mientras capacito sobre comprensión lectora, algunos docentes me preguntan, serios: “¿Sus estrategias están alineadas con los estándares del Ministerio de Educación?”. Yo les respondo: “Sí, está alineado, pero no apresado”. Les digo que leer es ver más allá de lo evidente, no es solo entender el libro, sino captar el mensaje de las oportunidades que la vida nos muestra. Al final se marchan dudando, pero más creativos, empoderados y visionarios.
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