El contexto pandémico causado por la cepa vírica de coronavirus, denominado COVID-19, ha impactado a toda la raza humana en la faz de la tierra. De ellos, los más vulnerables …
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Hace unos días caminando por la calle iba escuchando la conversación de un padre joven con su hija de 10 años aproximadamente, ambos venían, según comentaban de terminar un trabajo; por su ropa y evidencias de pintura supongo que eran pintores de brocha gorda, la felicidad que expresaba la niña por que ya por fin les habían pagado esa chamba y que con el fruto de su esfuerzo sorprenderán a su mama con un pollo de “el limón” era desbordante su entusiasmo, ella también portaba con mucho orgullo y dignidad las huellas de la labor realizada en su ropa y calzado, mas eso no les inmuta de ninguna manera, su caminar era digno, feliz y con gran alegría, tanto del padre como de la hija.
La exclusión, la desigualdad y las brechas de aprendizaje son los principales problemas del Sistema Educativo Nacional (SEN) que actualmente se agudizan. En el caso de los jóvenes que dejaron la EMS, de acuerdo con los datos de la ECOVID-ED, más de la mitad reportó que lo hacían por falta de recursos económicos en la familia y una quinta parte por tener que trabajar para contribuir a su propio sostenimiento. Entre quienes salieron de las aulas, están sobrerrepresentados los hijos de las familias de los quintiles más bajos de ingresos y quienes residen en localidades de menos de 100 000 habitantes.
Cuando en el ámbito escolar se habla de inequidad y exclusión generalmente se asocian situaciones como discapacidad, rezago académico, ausentismo y abandono. Se dice que una escuela excluye si sus instalaciones no cuentan con rampas o si algún maestro es incapaz de comunicarse con un estudiante sordo. La mirada se dirige, casi siempre, hacia quienes se quedan atrás en el ejercicio de su derecho a la educación y pocas hacia un segmento de la matrícula que presenta una capacidad superior a la media, pero que también requiere atención especial: los alumnos con aptitudes sobresalientes.
Decía, atinadamente, Rosa Ma. Zuñiga (1990), en su texto titulado La institución escolar, lugar de deseos y lucha de poderes que: “El poder, el deseo, el deseo por el poder y por su libre ejercicio, son características de lo humano, sin embargo, a pesar de que se juegan en todas las actividades humanas, son reiteradamente negados u omitidos… Esto hace que, a pesar de que la tendencia de la institución a conservarse y representarse como estática, su dinámica fundamental sea el conflicto, en la que luchan – entre otros – dos proyectos fundamentales, uno de conservación y otro de transformación… Esto provoca una situación desgastante que limita el desarrollo de los sujetos y de la propia institución, haciéndola girar en círculos cerrados que repiten un discurso monótono y vacío…”, y no se equivocaba pues, como sabemos, en las instituciones la acción humana tiende a generar una lucha constante, independientemente de las circunstancias, y claro, del tiempo en el que sucedan.
Esta es la panorámica general de un país que declaró como gratuita y obligatoria la educación superior y cuyos gobiernos Federal y estatales y no pocas universidades, ofrecen diferentes tipos de becas. En el futuro, como ha sostenido esta columna, habrá que revisar la noción de la equidad en la educación superior y actuar de manera mucho más imaginativa. “Repartir dinero “viste” y no requiere mucha imaginación, mientras que promover el aprendizaje y el desenvolvimiento humano de los y las jóvenes más pobres requiere conocimiento, liderazgo y organización” (El Universal Querétaro; 21/02/22).
Estamos en plena efervescencia de un mundial de futbol, especialmente cuestionado por la manera en que fue designada la sede y lo que ha implicado en su planeación y ejecución. Sobresale también la manera en que el dinero y el poder se manifiesta en un deporte que según Alabarces (2018), muestra el papel central de las élites locales en la adopción de las actividades propias del ambiente futbolero, donde el factor central de su propagación se relaciona con el grado de incorporación de cada país al capitalismo mundial.
Al paso de tortuga que llevan, tanto la USICAMM como el Mejoredu, cabría esperar que suceda primero la conclusión de la administración pública gubernamental antes que garantizarle a los docentes su derecho constitucional de acceder a un Sistema Integral de Formación, Capacitación y Actualización.
Guorui Fan y Thomas Popkewitz analizan paradigmas de la política educativa a escala global. Para ellos, más allá de la ideología, “la política educativa es un código de conducta, una normativa para su existencia y una herramienta empleada por una entidad política para gobernar la educación”. La noción de la Nueva escuela mexicana (NEM) que acuñó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue primero que nada un código de conducta, un artificio retórico que inauguró su primer secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán. A partir de septiembre de 2019 tuvo existencia normativa dado que —a iniciativa del gobierno— el Congreso colocó el concepto de NEM como un capítulo en la nueva Ley General de Educación. Dejó de ser instrumento para gobernar la causa de la educación cuando Delfina Gómez Álvarez arribó a la jefatura de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Pero renació cuando el proyecto de nuevo plan de estudios y marco curricular para la educación básica requería de un aparato normativo.
El gobierno actual ha dejado en claro que no le gustan y no quiere a los órganos intermedios, esos que se interponen entre él y los ciudadanos en la tarea de gobernar, todavía menos si tienen o tenían una cierta autonomía.
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