Alberto Sánchez Cervantes A Antonio Moscoso Canabal Marx Arriaga fue un funcionario de tercer nivel que, en un hecho insólito, acaparó la atención mediática en los cinco años que duró …
@2022 – Designed and Developed by Xalapasoft
La irrupción de la inteligencia artificial ha desatado una avalancha de preguntas en el campo educativo. ¿Cómo enseñar en la era de los modelos de lenguaje natural y la inteligencia artificial generativa? ¿Cómo evaluar cuando los estudiantes pueden producir respuestas en segundos? ¿Cómo rediseñar actividades para evitar el plagio? ¿Cómo distinguir entre apoyo legítimo y sustitución del esfuerzo intelectual? La lista crece cada semana. Sin embargo, conviene plantear una provocación: hay algo profundamente insuficiente en esta conversación. Todas estas preguntas, aunque relevantes, siguen siendo secundarias si no se formulan junto a otras más incómodas.
Hay derechos que nacen ampliando libertades. Y hay derechos que, al nacer de manera incompleta, terminan exhibiendo con mayor claridad las desigualdades que ya existían.
Fundada en el año de 1979 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ha sido una organización que ha emprendido una férrea lucha en defensa de los derechos de las y los trabajadores de la educación; no en vano desde sus inicios ha buscado democratizar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pero también, a la educación y al país entero.
“Sentir, que es un soplo la vida, que 20 años no es nada…” es la frase icónica de Volver, el tango de Carlos Gardel y Alfredo de la Pera. Pensé en esta expresión al comenzar el artículo. Luego llegaron D’Artagnan y Porthos, que pelearon contra Athos y Aramis y luego se reunieron de nuevo en la secuela de Los tres mosqueteros, Veinte años después, de Alejandro Dumas y Auguste Maquet, quien también (después se descubrió) fue coautor de otras obras de Dumas. Esas reminiscencias cargadas de nostalgia, aunque no de melancolía, llegaron a mi mente cuando decidí escribir sobre mi experiencia en los primeros 20 años de la nueva época de Excélsior, que se cumplirán el próximo domingo.
Cuando una estudiante de educación media superior comienza a pensar en su futuro profesional, rara vez toma esa decisión en un vacío. Sus intereses, sus habilidades y sus aspiraciones dialogan constantemente con los mensajes que recibe de su entorno: lo que dicen sus profesores, lo que espera su familia y lo que la sociedad le ha enseñado sobre qué profesiones “son para ella” y cuáles no.
En 2005, Amartya Sen publicó su libro intitulado “Identidad y violencia. La ilusión del destino”donde sostuvo que al juzgar a una persona por un solo aspecto de su vida (el religioso, por ejemplo), se perdía de vista quiénes somos en realidad y algo aún peor: líderes y políticos sin escrúpulos podían utilizar la identidad única para atacar a los “contrarios”, ensalzar al camarada y justificar la violencia.
Recibí, hace días, las palabras de un amigo entrañable. Sin permiso, porque no es necesario, las comparto: “Estoy cenando delante de la tele. EEUU e Israel lanzan bombas sobre Teherán y otras ciudades iraníes. Irán lanza misiles contra Tel Aviv. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas está reunido para ver qué puede hacer. Guterres condena todos los ataques. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿No teníamos bastante con los bombardeos sobre Gaza y Kiev? ¿Hemos olvidado Guernica, Varsovia, Berlín, Londres, Leningrado, Hiroshima…? Me cago en Trump, en Netanyahu, en Putin, en Xi Ping, en Hamás, los ayatolas, Milei y Bukele. ¿Vamos a permitir que estos tipejos destruyan la humanidad?
Hace unas semanas, un alumno de secundaria me comentó algo que no se me ha olvidado: —“Nunca había entrado a una escuela pública.” No lo dijo con desprecio. Lo dijo con asombro.
Ese día, estudiantes de una escuela privada y sus familias participaron en una jornada para pintar una escuela pública como parte del proyecto Mi Escuela Primero, de Mexicanos Primero Jalisco. Lo que para algunos era una actividad de servicio, para otros fue un primer encuentro con una realidad que está a menos de una hora de su casa… pero a años de distancia en oportunidades.
Cuando se habla de formación docente en México, suele pensarse en cursos, talleres o diplomados. Pero detrás de esas acciones existe una arquitectura de política educativa más compleja. Un ejemplo es el Programa para el Desarrollo Profesional Docente (PRODEP), que opera en distintos niveles del sistema educativo. Lo relevante no es solo su existencia, sino la forma en que nombra aquello que busca impulsar.
Revista Aula. Revista de periodismo y análisis especializado en temas educativos que fortalece el debate de manera libre y plural.