Un año más desde la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa. Ocho años después de ese infausto día, ya no es suficiente clamar justicia. Como sociedad, …
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Son añejas las dificultades relativas a la escolarización de niños en edad para cursar la educación preescolar. Pese a la obligatoriedad del nivel educativo, establecida en 2002, en el ciclo escolar previo a la pandemia, el 2018-2019, existían problemas considerables: la cobertura del nivel se situaba en 72.1%, mientras no se atendía siquiera la mitad de los niños de tres años (48%). Entidades como Chihuahua, Baja California, Colima, Sonora y Tamaulipas ofrecían una cobertura apenas superior al 60% en el nivel educativo. Desde el ciclo escolar 2017-2018 y hasta la fecha se ha incrementado la cantidad de niños fuera de las escuelas preescolares, pese a que, en apariencia, debería ser más fácil captar a la población a atender, dada la desaceleración de su crecimiento demográfico. Las cifras oficiales dan cuenta de una agudización de los problemas a partir de la pandemia.
Con cierto grado de hermetismo, la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de las Secretarías de Educación de los estados de la República Mexicana, viene trabajando en la organización de lo que se ha denominado “piloteo” del Plan de Estudios 2022, mismo que comenzará a operar en la última semana de octubre de este año.
Hace un mes, el pasado 16 de agosto, Delfina Gómez Álvarez, en uno de sus últimos actos como secretaria de Educación Pública, encabezó la presentación pública del Plan de Estudios de Educación Básica. En su discurso describió los elementos componentes de la nueva escuela mexicana (NEM). Argumentó, en primer lugar, que el propósito central de la NEM es “procurar la formación integral y humanista desde la formación inicial hasta la superior”. La aún titular de la SEP, agregó que “en la NEM se articulan los aspectos académicos con las diversas realidad sociales del país. La meta es garantizar una enseñanza de excelencia con base en los principios de inclusión, pluralidad e inclusión.” Estas definiciones genéricas coinciden, cuando menos no se apartan, del espíritu de la reforma constitucional y normativa de 2019, que es el inevitable marco de referencia de la NEM.
En mi pieza del miércoles 21 argumenté que el nuevo plan de estudio que propone el gobierno de la 4T es una apuesta de alto riesgo porque pretende mudar el proceso de enseñar y aprender del sanctum de la educación, el aula, a la comunidad. Aparte de las dificultades pedagógicas y el recelo de buena parte del magisterio, el factor tiempo es determinante.
En las últimas décadas la educación emocional ha representado la panacea de los sistemas educativos, en la formación de ciudadanos para una sociedad cada día más compleja. Sin embargo, a pesar de promoverse en la mayoría de las escuelas de los países desarrollados, la salud mental de la población mundial parece empeorar ante los efectos de una economía capitalista. Ante este fenómeno resulta importante replantear la epistemología de la educación emocional para mejorar la calidad de la salud mental.
Son muchas las razones que se han barajado para explicar tanto la fuerza como la necesidad de la ficción. Suele hablarse —yo mismo lo he hecho en otras ocasiones— de la parvedad de nuestras existencias reales, de la insuficiencia de limitarse a una sola vida y de cómo la literatura nos permite asomarnos a otras o incluso vivirlas vicariamente, o atisbar las nuestras posibles que descartamos o que quedaron fuera de nuestro alcance o no nos atrevimos a emprender. Como si precisáramos conocer lo improbable además de lo cierto, las conjeturas y las hipótesis y los fracasos además de los hechos, lo remoto, lo negado y lo que pudo ser, además de lo que fue o lo que es; y, por supuesto, dialogar con los muertos.
Antes de que iniciara la pandemia, tuve la oportunidad de acercarme a un proyecto educativo que se estaba realizando en escuelas primarias de la región de Huauchinango, Puebla, a invitación de Lourdes Muñoz Loyola, jefa de sector. Desde entonces y hasta ahora me he adentrado en él a través de Sinaí Rojas y Roberto Olvera, quienes acompañan y asesoran los procesos de docentes y escuelas que se interesen en implementarlo por parte de Vía Educación A.C; de las experiencias y saberes de las y los docentes de diversos niveles, modalidades y contextos que están insertos en la propuesta así como de la mirada y el trabajo de los formadores e investigadores nacionales e internacionales que han iniciado y acompañando el proyecto tanto en México como en otros países de Latinoamérica y España.
Agosto del 2022 fue un mes atípico para la política educativa en México. El día 15, el presidente de la república anunció a la nueva titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Leticia Ramírez.
Son añejas las dificultades relativas a la escolarización de niños en edad para cursar la educación preescolar. Pese a la obligatoriedad del nivel educativo, establecida en 2002, en el ciclo escolar previo a la pandemia, el 2018-2019, existían problemas considerables: la cobertura del nivel se situaba en 72.1%, mientras no se atendía siquiera la mitad de los niños de tres años (48%).
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