Desde hace varios años, quienes gustamos de estar enteradas o enterados de todo cuanto ocurre o afecta el ámbito educativo, hemos sido testigos del lastre que se ha convertido “legislar” …
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Por Filiberto Frausto Orozco La docencia es una profesión sumamente demandante. Para poder propiciar la adquisición de aprendizajes y valores, promover el desarrollo de habilidades y cuidar que prevalezca el…
¿Cómo podemos rendir tributo a los mártires de Chicago de 1886 quienes, con su reclamo de ocho horas de trabajo, marcaron un hito en la historia de los derechos laborales de la humanidad, lo cual consolidó al 1 de mayo, como el Día del Trabajador?
Como profesor y columnista, estoy convencido de que es más importante vivir de manera optimista, en lugar de atormentarse por los sinsabores de la vida. De acuerdo con nuestro estado de ánimo, impactamos y transformamos la vida de los estudiantes, haciendo de ellos más felices o infelices. No obstante, guiarlos hasta lograr construir su mejor versión es nuestro deber.
En los últimos años se ha incrementado el contenido que se produce en las redes sociales como Facebook o TikTok relacionado con las vacaciones a las que tienen derechos los trabajadores de la educación y que, como sabemos, están contempladas en el calendario escolar.
Los maestros estamos cansados. Una frase que quizá no se podría mencionar en la docencia, sin embargo, la connotación va más allá de un agotamiento físico y, no es que no hayamos tenido suficientes días de receso escolar para mitigar o discernir la información y desinformación que en los últimos meses se ha cimbrado en el ámbito escolar sobre la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y los programas sintéticos que se publicaron de forma oficial el pasado 15 de agosto.
Un calendario escolar interminable. Largas horas de preparación de clase. Actividades fuera del horario de trabajo. Reducción de los salarios reales. Revisión de exámenes. Planeación. Evidencias y más evidencias. Atención personalizada. Compra de materiales.
Hablar de la profesión docente representa un gran reto, especialmente porque es una labor compleja que demanda un desgaste físico y psíquico de manera cotidiana. Como otras áreas de la academia, la labor docente requiere de un sentido de vocación y un gran número de habilidades, actitudes y destrezas para poder desempeñar con éxito la ardua tarea de educar a nuevas generaciones.
En pleno siglo XXI, con un sinfín de avances tecnológicos revolucionando nuestras vidas en todas las áreas, la escuela se encuentra en una encrucijada. Surge un debate sobre el rumbo que debe tomar en un contexto donde la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando rápidamente nuestra sociedad. Algunos argumentan que la escuela debe abrazar estos avances y transformarse profundamente, mientras que otros creen que es el momento de repensarla y preservar su esencia humana, incluso alejándola de estas tecnologías.
Son pocas las y los escritores que dan clases de manera regular. ¿Por qué? ¿Será que la universidad sofoca su creatividad y la “libre cultura”? Jorge Luis Borges (1899-1986) y Claudio Magris (n. 1939) son dos excepciones a este regla. Del primero ya hablamos en Universidad Crítica
Revista Aula. Revista de periodismo y análisis especializado en temas educativos que fortalece el debate de manera libre y plural.