La pandemia por Covid-19 no ha terminado, seguimos viviendo sus efectos a nivel económico, educativo, político y social; es difícil identificar si entendimos que el mundo cambió, si hemos sido …
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Diagnosticar lo que dejaron de aprender los estudiantes o se olvidó en la concreción del currículum durante la pandemia se volvió lugar más o menos común. Había razones genuinas de sobra: congelamiento de la relación pedagógica, recorte de horas clase, traslado del espacio de aprendizajes a la casa de los alumnos o sustitución de los maestros por otros medios, entre otras. Argumentos convincentes para la inquietud por los efectos en los aprendizajes.
En la filosofía de occidente se ha discurrido sobremanera acerca de la “verdad” y la verdad como patrimonio de la inteligencia, no de la práctica. Y, particularmente, en el mundo contemporáneo al que haremos referencia, bajo el apotegma de que la inteligencia es reemplazada por la emoción, suponiendo su universalidad, fuera del tiempo, fuera de la historia. La filosofía de la liberación, en cambio, ha hecho hincapié en la justicia. La verdad es subordinada a la justicia, y ésta antes que nada a su práctica ética. Sin embargo, la misma es aplastada, como tendencia, por su olvido de las instituciones eurocéntrico-universitarias.
En el marco del Foro de Análisis “Democracia Sindical” convocado por la CNTE, el escritor Luis Hernández Navarro disertó una oportuna ponencia de la realidad que vive el sindicalismo magisterial mexicano, en momentos convulsos en los que el SNTE se va fragmentando de a poco, derivado de una enfermedad que todavía padece: “la plaga naranja”, como la denominó el también articulista de La Jornada.
El 19 de agosto de 2022, a través de un comunicado, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) extendió una recomendación para respetar los derechos a la educación y al libre desarrollo de la personalidad de niñas, niños y adolescentes en las instituciones escolares. La recomendación derivó de 487 quejas que el organismo gubernamental recibió, de enero a agosto del año en curso, de estudiantes de educación secundaria, media superior y superior en las que refieren haber experimentado restricciones para ingresar, permanecer o egresar de sus escuelas por tener el cabello largo o teñido.
“Para ser docente se necesita vocación” es una frase que escuchamos desde nuestra formación. Añadiría que ser docente también requiere de pasión y amor al servicio pues cuando están presentes podemos hacer que lo que está a nuestro alrededor sea mejor y se transforme. Durante la pandemia como docentes tuvimos que vencer muchos temores, entre ellos el uso de la tecnología, aplicaciones y plataformas; la planificación a través de nuevas metodologías buscando otras formas de enseñar; la adaptación de los procesos de enseñanza a diversas modalidades, la implementación de modelos híbridos de aprendizaje, entre otros. Parte de lo que es el reto de cualquier docente es esa capacitación constante y arriesgar, en ocasiones, para poder innovar. Innovar para mí significa desaprender para poder aprender de aquello que pueda transformar la labor docente. Después de la pandemia la intervención docente no puede ser la misma. Ha sido un periodo de aprendizaje, de lecciones, de búsqueda de soluciones reimaginando la forma de organizar el propio currículo escolar, de hacer adaptaciones pedagógicas creativas, para lograr el compromiso y atención de los y las estudiantes.
Elegir a un alcalde que no sea ladrón, ya es una revolución, afirmaba el líder político Alfonso Barrantes, pero, ¿Cómo saber que el alcalde o gobierno regional que elijamos no es un cleptómano y acabe en el banquillo de los acusados, pero millonario? Ojalá tuviésemos la oportunidad de forjar una educación ciudadana y política en las aulas, para prevenir nuestra debacle social.
Después de leer extractos de la entrevista que hizo La Jornada al profesor Alfonso Cepeda, muchos nos preguntamos, qué sucedió para que el actual líder sindical se muestre como lo sería hasta el más beligerante liderazgo de la CNTE, al no reparar en críticas a la política educativa del gobierno actual.
En el marco del Día Internacional de la Alfabetización —proclamado el 8 de septiembre de 1965 por la Organización de las Naciones Unidas—, es importante reconocer tanto los avances como los retos y las acciones necesarias para garantizar el acceso a la alfabetización a todas las personas a lo largo de toda la vida.
Dentro del contexto violento que lacera a nuestra sociedad y que influye negativamente en las actitudes de niñas, niños y adolescentes es crucial analizar las estrategias tomadas por gobiernos de distintos niveles para la construcción de la paz. En el ámbito educativo, las políticas deben ser objeto de análisis y observación, pues ellas establecen las líneas, alcances y parámetros esperados en el actuar de la sociedad. Derivado de una investigación, este texto analiza críticamente el discurso de nuestras políticas públicas y cómo éste promueve o debilita la educación para la paz. Asimismo, ofrece recomendaciones para reconstruir el tejido social desde el quehacer educativo, dentro del marco de la educación para la paz.
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