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¿Innovar sin transformar? Un marco curricular lejano a la realidad

by Pluma Invitada
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David Calderón

1.- La tentación

El cambio curricular es siempre una tentación para la alta administración educativa de la educación básica de un país. La premisa suena lógica: si se establece un currículum nuevo, entonces la mejora, la alineación y la efectividad de todo el sistema puede tener una reactivación sistémica. Es un movimiento de “arriba hacia abajo”, de concatenación deductiva: si se cambian las premisas, cambiarán las derivadas. Si cambia la receta, podemos tener otro pastel.

Cuando además esa aspiración de los diseñadores se conecta con la ambición y la convicción de los políticos en el Ejecutivo, la fórmula se vuelve arrolladora: vamos a cambiar este país, y para seguir cambiando en la dirección correcta, vamos a asentar los pilotes de la nueva construcción en el terreno de la nueva generación, en su educación obligatoria. Los ciudadanos crecidos puede que no sean tan constantes, o tan convencidos, para seguir el nuevo rumbo. Pero quienes desde muy jóvenes lo vean, y así se sumen a la nueva marcha histórica, serán la mejor garantía de logro y permanencia en los ideales abrazados.

En nuestro país hay, además, un premio tangible, un casi fetiche para la desmedida voluntad de imponer un proyecto de nación: los libros de texto gratuito. A pesar de que la edición de un texto de referencia obligatorio único para todo el territorio nacional se circunscribe a los seis grados de primaria, resulta un canto de sirenas casi ineludible: ¿cómo no querer tener “nuestros libros”, los de “nuestro movimiento”? Si algo tan nimio como camisetas, calcomanías, chalecos y otros artículos promocionales quedan como infundidos en una mística de corporación casi religiosa que conecta al partido con la nación, es inquietante cómo resulta un bocado delicioso la ilusión de toparse con niñas y niños en los caminos rurales, en los transportes públicos, haciendo tareas en parques, al lado del puesto de la familia o en la sala del hogar con un objeto en sus manos que lleva nuestra marca y del cual se aspira que deje su marca en la mente y el ánimo de millones

2.- La ocasión

La tarea de proponer un nuevo marco curricular (llamado “Plan de Estudio” en el documento emitido a través del Acuerdo 14/08/22, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 19 de agosto de 2022, no se planteó al inicio de la administración federal actual. No fue promesa de campaña (la promesa fue acabar con la reforma educativa del sexenio anterior: la energía se puso en modificar de nuevo el artículo Tercero, y en cambiar las piezas referidas a la regulación de la docencia y de la evaluación), ni se colocó en el Plan Nacional de Desarrollo, ni en el Programa Sectorial de Educación; la “Nueva Escuela Mexicana” -que ya había sido así nombrada por el Subsecretario Gómez Morín en el sexenio de Fox- se había planteado como un cambio de estrategias, no de programas, en los discursos del Secretario Moctezuma.

Sin perderse en la conjetura, algo cedió al interior del círculo gobernante para dar paso a determinadas preferencias. Tal vez estaba ya latente en las visiones del Subsecretario de Educación Superior y en las aspiraciones de la rectora de Universidad Pedagógica Nacional, pero tomó pista en la designación del ex responsable de Bibliotecas y ahora Coordinador de Materiales Educativos. 

Comenzó como una acotada premura a modificar libros de texto para primaria -incluyendo el escándalo acerca de que los diseñadores gráficos debían entregar su trabajo en forma gratuita- y pronto creció y creció hasta convertirse en una gira de asambleas en las que se discutía un documento espeso y salpicado de un lenguaje ajeno a la formación típica de los maestros mexicanos de educación básica.

Sin capacidad para manejar con tino educativo el injustificadamente largo cierre de aulas ligado a la pandemia, el proyecto de esta administración federal de generar nuevos planes de estudio para la educación básica se convirtió en una salida conveniente: llevar la atención pública a los aspectos de largo plazo, para así minimizar y desestimar los reclamos en el manejo de lo urgente; dejar huella en lo que es más tangible, como una nueva colección de libros y materiales, y alejarse de lo más cuestionable, que es la pregunta por el logro de aprendizajes, desde los socioemocionales hasta la lectoescritura. 

Esa dinámica aporta beneficios adicionales para el grupo en el poder: en plan provocador, hace que pierdan los estribos los opositores, y se les puede señalar no como discrepantes, sino como enemigos de la sociedad, o al menos de los que menos oportunidades tienen. En lugar de una rendición de cuentas por el rezago, una corrección por daños regresivos como la cancelación de alimentación y jornada ampliada o de un compromiso de alcanzar determinadas metas de recuperación, la conversación se puede llevar cotidianamente a un repertorio repetitivo pero popular: tratar bien a los maestros, dispersar dinero para mejorar infraestructura escolar por vía de la autoconstrucción, becas para las mayorías, bajar la barrera de entrada (aunque no se haga nada sólido para asegurar la permanencia, y menos el derecho a aprender) y evitar evaluaciones sumativas, y una grandiosa visión de una nueva educación no orientada al triunfo individual sino colectivo.

Inoportuno, impertinente, confuso, cortoplacista: así el proyecto de cambio curricular. En su mejor hipótesis, comienza con piloteo en octubre de 2022, y con los programas de primer grado de preescolar, primaria y secundaria para agosto de 2023. No hay un equipo de pedagogos identificable, que dé la cara por las decisiones; no queda claro cómo se evaluará el piloto y se corregirá antes de la universalización, y menos aún queda claro si se justifica todo este esfuerzo para el último ciclo escolar del gobierno actual.

3.- La esperanza

Un nuevo currículum, si nos ponemos esquemáticos, conlleva: a) una interpretación novedosa, pero válida, de los propósitos de la educación que se encuentran en el marco legal, la tradición, el imaginario del sector o todas las anteriores; b) un perfil de egreso en el que se subrayen los rasgos deseables desde la postura política del régimen, y su visión sobre la ciudadanía, el orden público, la economía, el cuidado del ambiente; c) un determinado ordenamiento de los aprendizajes que resulte más efectivo que el anterior para el logro de los propósitos mencionados en el inciso a, y finalmente; d) un cuerpo, a la vez sólido y flexible, de indicaciones pedagógicas, el arsenal para que numerosos -en nuestro caso, cientos de miles- de docentes y directivos formen una misma comunidad de aprendizaje y práctica; el estilo de cada una, de cada uno aflorará inevitablemente (esperemos que en forma valiosa y creativa) y los ajustes al contexto, al grupo y a cada aprendiz introducirán variaciones, pero en un concierto de prácticas compartidas, en un todo armónico, continuado… una trayectoria, una “carretera” (que es lo que significa currículum).

El texto legal, apenas cuatro cuartillas, y el anexo, de más de doscientas, que fueron publicados en el DOF, no acaban de resolver ninguno de los cinco aspectos mencionados. Es un boceto, un dibujo de trazos gruesos. Con cierta ingenuidad, o descaro -no sería fácil determinar cuál de los dos- se plantea que cada docente será un protagonista del co-diseño: va a recibir el mueble sin armar y sin terminados, sólo la estructura básica, y sus saberes y los de la comunidad completarán la obra.

Los siete ejes articuladores y los cuatro campos formativos son un arreglo interesante, y brindan pistas y oportunidades de un desarrollo de la educación en México con enorme potencial. Es irónico que lo más criticado y vilipendiado en la opinión pública -muchas veces en pluma de exfuncionarios y autodesignados expertos, que lo son de política pública pero no de pedagogía y menos de filosofía educativa- sea lo más rescatable y esperanzador de la propuesta. 

La voluntad de incorporar la reflexión decolonial y las epistemologías del sur denota la influencia del grupo que desde años impulsa discusiones de la experiencia docente que pueden plantear la identidad, la comunidad y el aprendizaje más allá del esquema consagrado del nacionalismo de Torres Bodet y de las distintas oleadas estructuralistas, constructivistas y capacitistas de los últimos esquemas curriculares para la educación básica. Hay ecos de la labor de mentoría del Dr. Antonio Carrillo, los trabajos de las profesoras Czarny, Salinas y la misma Rosa María Torres, ahora rectora de la UPN, pero también de la formación docente que desde hace años se impulsa en las universidades de Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia.

En boca de un vocero impreparado y rijoso, ha sido combustible de infiernitos. Fue penoso leer a comentaristas que imaginaron que la influencia venía de teoría racial crítica de Estados Unidos, como Jorge Castañeda, o quienes anuncian la catástrofe de poner la comunidad al centro, como Gilberto Guevara o Laura Frade. Llevan razón los profesores de la Coordinadora cuando acusan que hay préstamos no reconocidos, o de plano saqueo, a algunas de las mejores páginas del PTEO. Hay citas expresivas, aunque sin el contexto adecuado, a obras de Grosfoguel, Mignolo, Mbembe, Catherine Walsh, Jurjo Torres. Lo que hay que saludar es una vigorizante sacudida para no quedarse en las pautas repetitivas de las didácticas por asignatura, tan terriblemente empobrecedoras a estas alturas. Obvio, no podía faltar el santo patrón de la pedagogía popular, Freire. Lo que falta, terriblemente, es citar a pensadores mexicanos… ¿desconocimiento o complejo de inferioridad? Por ahí se cuelan Ezpeleta, Latapí, obviamente Díaz Barriga, pero ni por casualidad Santiago Rincón Gallardo. ¿Pasaremos del furor por el suizo Perrenoud al furor por el portugués Boaventura de Sousa?

Sin embargo, toda esa riqueza amueganada en el anexo corre el riesgo de ser algo esotérico para la mayoría de los maestros frente a grupo. Apenas habituados a los aprendizajes clave del plan de estudios 2017 -otro ejercicio inoportuno y jaloneado por la ambición política- toda esta “habla dialectal” de la comunalidad, los saberes, el bienestar y la crítica al neoliberalismo hace que pierdan la paciencia. Si no hay sencillez y sensatez en los “talleres de formación docente” que ya les recetaron a lo largo del ciclo escolar, haciendo puente con su marco de referencia previo, no van a pegar papel y madera, y perderemos energías preciosas en interpretar un texto denso y enrollado, justo ahora que las y los docentes requieren el acompañamiento más empático y conectado con sus sentimientos y experiencias. En el nuevo marco curricular, el aspecto socioemocional está preocupantemente subdesarrollado; las menciones son pobres, superficiales y esporádicas. 

Podemos, lamentablemente, acabar en algo que ya comienza: toda clase de ppts y cursitos de paga, el enorme mercado informal que “ayuda” a los maestros a sobrevivir a los cambios de paradigma que definen los intelectuales del régimen… nada más neoliberal que fomentar el despojo económico, en sustitución a las tareas que el Estado exige, pero no puede acompañar con agentes preparados.

4.- Lo que viene

¿Qué puede resultar de esto? Es pronto para decirlo. Algunos nos vamos a empeñar en que la discusión sea menos ideológica y mejor fundada; que discutamos de nuevo en el foro público qué educación queremos y, sobre todo, qué requieren las niñas, niños y jóvenes para ejercer su derecho a aprender, a aprender dentro y fuera de la escuela, a aprender lo que quieren y lo que necesitan. Puede ser un globo de Cantoya que implosione y ya para el año entrante, por el cambio de fortuna en el servicio público, deje de ser prioridad del círculo cercano al presidente. Puede que, en el peor escenario, se vuelva una pesadilla administrativa y de sobrecarga en cada escuela. Si las maestras se lo apropian, independientemente de libros mal editados que no van a perdurar, puede venir una bocanada de aire fresco: consolidar las habilidades cruciales y abrirse a un aprendizaje más compartido, más lúdico y más digno. 

*Presidente ejecutivo de Mexicanos Primero

Publicado originalmente en la primer edición de nuestra revista impresa “Revista Aula”: https://revistaaula.com/wp-content/uploads/2022/10/Aula-01D.pdf

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