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Los acontecimientos recientes en varios estados de la República evidencian, en los últimos años, la vulneración del derecho a la educación de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, quienes se ven obligados a abandonar la escuela y a desplazarse, junto con sus familias y comunidades, a otros lugares. Tal es el caso de estados como Chiapas, Sinaloa y Guerrero, entre otros.
Para entender el movimiento universitario de 1968 en México es necesario considerar los acontecimientos políticos, culturales y sociales, las protestas y revueltas que se vivieron durante esa década alrededor del mundo y, particularmente, el autoritarismo creciente en América Latina, que buscaba erradicar toda manifestación con aires de libertad, de tufo comunista. El militarismo desplegado como mecanismo determinante en la injerencia extranjera; el auge de la Guerra Fría; la guerra de Vietnam y todas las manifestaciones de rechazo; pero también, las protestas y manifestaciones estudiantiles como el Mayo francés y la lucha por Reforma Universitaria de Chile, entre otras.
Por encima del discurso en torno a la transformación educativa, los mensajes reiterados de que existe voluntad política y los compromisos presidenciales establecidos con el desarrollo educativo nacional, la realidad se sigue imponiendo: impera la innegable situación de rezago educativo, precariedad en la infraestructura física educativa, en el equipamiento y conectividad, prevalecen el analfabetismo, baja escolaridad y escaso logro en el aprendizaje, a la par que los trabajadores de la educación están sobrecargados de trabajo administrativo y de planificación, sin apenas recibir formación continua ni actualización, mientras que los estudiantes y sus familias están a merced de la violencia delincuencial, de la pobreza, la marginación, la migración forzada y muchos otros males más.
Uno de los elementos que más influyen en el trabajo docente, y que poco se conocen en la sociedad, es la oportunidad para intervenir de manera profesional en el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes acorde a la necesidad específica en el momento preciso en que se necesita, para ello, se necesita contar con un bagaje muy importante de herramientas profesionales en el ámbito social, psicológico, biológico y de herramientas para el aprendizaje.
Ante el cambio de administración del gobierno federal, legislaturas y gobiernos estatales, en agosto pasado, convocados por el Faro Educativo de la Ibero y el Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav, nos dimos cita varios investigadores, funcionarios, docentes e integrantes de organismos internacionales y de la sociedad civil en el foro “¿Qué sigue para la evaluación educativa?”.
Durante varios semestres y en diferentes materias o asignaturas de la licenciatura en intervención educativa de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN, Unidad Querétaro) leí con mis estudiantes el libro “Manual de Evaluación Educativa” (Editorial La Muralla, Madrid, 1995) de la Dra. María Antonia Casanova. (Las ediciones de la SEP, en México, se realizaron desde 1998, a partir de la segunda edición publicada en España, según me indicó la propia Dra. Casanova)
La acción educativa del Estado se concreta en las casi 250 mil escuelas de educación básica y de educación media superior en México. A ellas asisten casi 30 millones de estudiantes y son atendidos por más de 1.5 millones de docentes. Es en estos espacios donde los esfuerzos del Sistema Educativo Nacional deben reflejarse, generando las condiciones para el desarrollo de una buena educación con justicia social al alcance de niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Ahí es donde el proyecto educativo puede tener viabilidad, para la formación de personas en sus múltiples singularidades y la construcción de la sociedad y el mundo al que aspiramos.
Patria, Minerva, y María Teresa Mirabal, tres activistas políticas de República Dominicana, fueron asesinadas en 1960 por órdenes del entonces presidente de ese país, Rafael Trujillo. Para honrar su memoria, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Para las personas que no tienen cercanía con el trabajo que se hace al interior de los centros educativos pudiera parecer intrascendente, sin embargo, con el cambio en el plan y programas de estudio, vienen consigo una serie de elementos que hacen una gran diferencia, no solo por el contenido, que es necesario siempre estar actualizando, sino por la manera de abordarse, ya que ello trae consigo cambios muy importantes en la formación de las niñas, niños y adolescentes a lo largo de su vida, como es el caso de los ejes articuladores que se integran en lo que se ha llamado la Nueva Escuela Mexicana (NEM).
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