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En México, aunque el 83.1% de la población (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2023) reconoce que la corrupción es un problema frecuente en el país, al conceptualizarlo, solemos enfocarnos en casos de gran corrupción como la Casa Blanca, Odebrecht o el Caso de La Estafa Maestra. Debido a esta idea de corrupción a gran escala, muchas veces la ciudadanía se siente impotente frente a la corrupción, dejando su combate únicamente en manos del gobierno.
En 1912, el demógrafo italiano Corrado Gini publicó un artículo en el que proponía una medición para encontrar en qué países había una mayor desigualdad de ingresos. Como es fácil imaginarse, en todos los países hay quienes ganan más y quienes ganan menos.
La reforma educativa de 2013 acotó la participación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en asuntos educativos —aunque no de forma total, menos en la política de la carrera docente— con el argumento de que eran los responsables del control de las plazas docentes y de los bajos logros de aprendizaje.
Abordar el tema de la docencia no puede limitarse a unas pocas líneas. Además de proporcionar una breve introducción al tema y repasar la formación inicial docente en México, es importante destacar los factores que influyen en el desarrollo de su labor y las causas que pueden llevar a que abandone el aula.
Si bien la Cultura de Paz es un concepto del que ya habló María Montessori, es hasta 1970 que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo reconoce oficialmente y es en 1989 que se establece por primera vez el término de Cultura de Paz. La Cultura de Paz promueve que se resuelvan los conflictos a través del diálogo, la mutua comprensión y la valoración de la diversidad. Incluye principios como libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento
Está claro que en aquellos países que hoy en día han desarrollado culturas más avanzadas en lo económico, social y político, ha sido gracias a la educación, al papel prioritario que esta ha tenido en el desarrollo de las personas y un rasgo que les caracteriza en primer lugar, es el aprecio, la confianza y el respeto que la sociedad le manifiesta en lo público y en lo privado, lo cual genera por mucho, las condiciones para que su desarrollo profesional realmente construya mejores realidades.
Los días 8 y 9 de mayo son Jornadas para el Recuerdo y la Reconciliación, en homenaje a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Han pasado casi 80 años desde la rendición de la Alemania Nazi, pero sigue siendo imperativa la necesidad de recordar los momentos más obscuros de la historia de la humanidad, y promover la reconciliación entre adversarios.
De acuerdo con investigaciones de la Asociación Civil Mexicanos Primero Jalisco (MPJ), así como una encuesta sobre trayectorias profesionales realizada en conjunto con el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), las maestras y maestros de Jalisco han señalado cinco necesidades clave para el ejercicio de su profesión: 1) Apoyo socioemocional para estudiantes y docentes, 2) Formación continua, 3) Reducir la carga administrativa, 4) Contar con espacios de escucha y diálogo con las autoridades, y 5) Dar mayor continuidad a los planes de estudio.
Según Byung-Chul Han, hoy en día, la sociedad se encuentra bajo un exceso de positividad que la está conduciendo hacia un estado de cansancio, se trata de una nueva forma de violencia neuronal, sistémica e inmanente al modo de producción capitalista que se refleja en el agotamiento, la fatiga o el estrés de los sujetos. Para el filósofo, la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria sino de rendimiento, no hay sujetos de obediencia más que de utilidad y su afirmativo colectivo es “yes, we can”; la motivación remplaza la prohibición y el mandato, así como el “deber” pasa como “poder” (en el sentido de “capacidad” o “ser capaz”) para maximizar la productividad.
Desde esta perspectiva, el exceso de positividad ocurre en la educación a través de aforismos como “somos equipo”, “ejerce tu autonomía”, “más que errores, son áreas de oportunidad”, “tú decides qué y cómo aprender”, “puedes mejorar”, “sé creativo”, “críticas constructivas, no destructivas”, “depende de ti (asume responsabilidad)”, “vive al máximo, sin límites”. Aunado a ello, algunos pseudoexpertos de la educación sostienen que ya no se debe mandar, dirigir, inspeccionar, vigilar o supervisar de manera vertical y autoritaria (principios de la negatividad de una sociedad disciplinaria); más bien, se trata de dialogar, consensuar, fomentar, participar o construir colectivamente (positividad en las sociedades de rendimiento del siglo XXI).
Esta situación genera que maestras y maestros (incluso estudiantes) se conviertan en sujetos activos de rendimiento, que no necesitan demasiados mandatos, prohibiciones o de agentes de control (profesores, jefes o supervisores) para desempeñar su trabajo; ya que, de lo contrario, su desempeño y creatividad estarían limitados, abandonarían fácilmente la mejora continua, o bien, no lograrían adaptarse a una sociedad dinámica y vertiginosa. Con esto, podemos comprender por qué hoy se intenta posicionar a los directores como “líderes” y a los docentes como “acompañantes o mediadores”, pues se piensa que estas designaciones eliminan efectos negativos inherentes a sus funciones y que impiden, además, mejorar el rendimiento de los sujetos.
Cabe decir que, de acuerdo con Han, la positividad excesiva se presenta como emancipadora, busca eliminar la verticalidad y reducir líneas de autoridad o pautas de expresión y conductas autoritarias en favor de relaciones más horizontales, en la que los sujetos se aprecien como autores y creadores de sí mismos sin que se perciban obligados hacia el trabajo, más bien, como sujetos capaces de desempeñar eficientemente sus labores; sin embargo, esto trae como consecuencia cansancio, agotamiento, estrés y autoexplotación. En el contexto educativo, no es casualidad que la Secretaría de Educación Pública (SEP) reconozca que existen situaciones estresantes que enfrentan maestras y maestros y, por ello, promueva prácticas de salud mental y autocuidado.
En este contexto, el magisterio requiere emprender una reflexión crítica en torno a las formas en las que se presenta y desarrolla la sociedad del rendimiento del siglo XXI, comprender los fenómenos que ocurren en la educación para impulsar acciones alternativas frente a las adversidades. Solo entonces será posible reconocer cómo el exceso de positividad es una condición necesaria para las sociedades posmodernas, en las que reina el modo de producción capitalista, cuya pretensión primordial es garantizar la estabilidad económica de unos cuantos mediante la optimización del rendimiento de las mayorías; por ello, la motivación y sus efectos positivos son fundamentales en una sociedad del rendimiento.
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