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La escuela como un espacio de socialización, potenciando las habilidades de cortejo

by Pluma Invitada
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María Giselle Castro Granados*

La escuela funge como uno de los principales espacios de socialización en nuestras vidas, en ésta desplegamos una serie de habilidades que nos permite vincularnos social y afectivamente con nuestros pares.  Por ello, puede considerarse un espacio nutricio en el desarrollo de herramientas para potenciar la inteligencia de cortejo que permitan generar vínculos saludables y establecer relaciones amorosas estables.

La inteligencia de cortejo es el conjunto de adaptaciones psicológicas humanas desarrolladas para la reproducción sexual. Incluye capacidades mentales para el cortejo y la demostración, la competición sexual, la formación y culminación de relaciones y compromisos, el flirteo, los juegos sexuales y la cópula, la búsqueda, selección y cuidado de parejas, y otras capacidades conductuales de beneficios principalmente reproductivos[1].  Esa definición proviene de la psicología evolutiva. Pero, cabe mencionar que el cortejo no tiene una función meramente reproductiva si no también afectiva y/o erótica.

Sería deseable que las personas contáramos con adaptaciones psicológicas y cognitivas para relacionarnos de manera funcional. Sin embargo –tanto en mi práctica sexológica clínica como en las tutorías con estudiantes– escucho inquietudes como las siguientes: 

“Me interesa mi compañera, pero temo acercarme y ser rechazado, o peor aún, decir algo incorrecto y terminar exhibido en un tendedero feminista”, refiere un estudiante de 20 años.

“Me acerco a los 40 años y aún no puedo encontrar una pareja, desde que estaba en secundaria he querido conocer a alguien, pero no he tenido éxito, quizás soy muy torpe con las mujeres”, comenta un consultante de 36 años.

Por otro lado, he escuchado a mujeres que mencionan sentirse acosadas, confundidas, incómodas o violentadas por la forma en la que son cortejadas. Los códigos del cortejo humano se han transformado históricamente y se ven influidos por cambios sociales y culturales.

A diferencia de otras especies animales las cuales tienen formas de cortejo definidas, los humanos mostramos una serie de conductas y habilidades como la exhibición de la creatividad, el hacer citas, mostrar nuestro sentido del humor, demostrar nuestras habilidades cognitivas y artísticas, bailar, leer poemas, etcétera. Invertimos una gran cantidad de esfuerzo y tiempo en conseguir la atención de otra persona para poder vincularnos[2]. Sin embargo, pareciera que ahora estos códigos o rituales se han desdibujado y se van adaptando a fenómenos como los movimientos feministas y el uso de redes sociales.

El cortejo y el noviazgo en la adolescencia pueden parecer triviales para algunas personas, sin embargo, los patrones manifestados a esta edad son a menudo características duraderas de las relaciones adultas[3]. Vale la pena poner atención a los siguientes datos[4]:

  • Según Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo (ENVIN), en México 76% de las adolescentes de entre 15 y 17 años ha sufrido violencia psicológica, 17% sexual y 15% física.
  • Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 3 de cada 10 adolescentes sufren violencia sexual en el noviazgo.

Estas cifras resultan alarmantes, por lo que es necesario prestar especial atención a las formas de prevención. En la escuela se aprende a trabajar en equipo y a resolver conflictos de manera no violenta, lo cual facilita el aprendizaje de habilidades de comunicación, empatía y cooperación, habilidades relevantes en el proceso del cortejo[5] sobre todo en la etapa de la adolescencia en la que los y las jóvenes comienzan a generar vínculos más estrechos y complejos con sus pares.

El contexto más idóneo para la prevención primaria de la violencia en el noviazgo es la escuela, por ello es necesario un programa que considere potenciar habilidades de cortejo fomentando[6].

  1. La escucha activa, prestar atención a lo que nos comunican. Permitir que las personas se expresen e interesarse en lo que puedan compartirnos.
  2. Habilidades de conversación, iniciar interacciones directas, profundas y afectuosas con otras personas. La facilidad para conversar también es un indicador de salud mental[7].
  3. Comprensión y manejo de la comunicación no verbal, el uso adecuado de la comunicación no verbal genera mayor claridad y cercanía emocional. Nuestro cuerpo es una herramienta comunicativa.
  4. Gestión adecuada de emociones, ser capaz de reconocer, nombrar, manejar nuestras emociones y conversar sobre estas, lo cual contribuye a mejorar los vínculos e intimidad con los demás.
  5. Desarrollo de la creatividad, el despliegue de conductas creativas demuestra inteligencia y sensibilidad.
  6. Desarrollo del sentido del humor, capacidad de generar destellos de historias divertidas e ingeniosas.
  7. Empatía, las habilidades de dominio social resultan atractivas para muchas personas, y la empatía y la conducta prosocial son claves para el reconocimiento social. Otro aspecto que considerar es que las personas empáticas tienen menor probabilidad de involucrarse en conductas violentas.
  8. Autoestima y seguridad personal, la autovaloración permite reconocer y destacar los atributos positivos y ser compasivos con las características menos deseables y así sentirnos bien con nosotros mismos.

Todo ello en aras de contribuir en un cortejo saludable, que permita que los y las estudiantes experimenten relaciones eróticas y/o afectivas, efectivas, simétricas y placenteras en donde predomine el buen trato.

Redes sociales

Instagram: gisellecastro.s

Referencias

Almendros, C., Guadix, M. G., Isabel, J. A. C., Carballeira, Á. R., & García, C. P. (2009). Abuso psicológico en la pareja: aportaciones recientes, concepto y medición. Psicología Conductual = Behavioral Psychology: Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 17(3), 433-452. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3071074.

Brown, B. B., & Larson, J. (2009). Peer relationships in adolescence. In R. M. Lerner & L. Steinberg (Eds.), Handbook of adolescent psychology: Contextual influences on adolescent development (3rd ed., pp. 74–103). John Wiley & Sons, Inc.. https://doi.org/10.1002/9780470479193.adlpsy002004.

Dávila, E. (2011). Inversión parental: una lectura desde la psicología evolucionista. DOAJ. https://doaj.org/article/b6bbaa2a702240d9955c7c840ec4982e.

De Protección de Niñas Niños y Adolescentes, S. N. (s. f.). Violencia en el noviazgo: no es amor, no es amistad. gob.mx. https://www.gob.mx/sipinna/articulos/violencia-en-el-noviazgo-no-es-amor-no-es-amistad?idiom=es.

Maya, B. M., Rivera, F. J. O., & Jiménez, V. S. (2023). El DaViPoP: un programa de prevención de violencia en el cortejo y las parejas adolescentes. Apuntes de Psicología, 215-224. https://doi.org/10.55414/ap.v31i2.324.

Miller, G. (2008). Mating intelligence: Frequently asked questions. En Geher, G. y Miller, G. (Eds.), Mating intelligence: Sex, relationships, and the mind’s reproductive system (p. 367–393). Lawrence Erlbaum Associates Publishers.


[1] Miller, 2008

[2] Dávila, E.  2011

[3] Almendros et al. 2009

[4] De Protección de Niñas Niños y Adolescentes, s. f.

[5] Brown y Larson, 2009

[6] Maya et al., 2023

[7] Miller, 2008


*María Giselle Castro Granados

Pluma invitada. Es licenciada en Psicología por la UVM, con Maestría en Sexología Clínica por el IMESEX, y Doctoranda en Sexualidad Humana por la Universidad NEXUM. Es docente y coordinadora de Tutorías en la Facultad de Psicología de la UASLP, colabora en la Unidad de Atención Psicológica de la Defensoría de los Derechos Universitarios y brinda atención psicológica en la consulta privada.

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