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Interrelación afectiva y empática docente-estudiante: indicador de construcción de paz en la educación superior mexicana

by Pluma Invitada
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Arycel Rodríguez Lezcano*

Universidad Iberoamericana de Ciudad de México

En los espacios educativos de la educación superior mexicana, se manifiestan la convivencia no pacífica, los conflictos culturales, la discriminación, el acoso escolar y las relaciones culturales negativas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es una organización internacional compuesta principalmente por países desarrollados que trabajan en conjunto para promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas en todo el mundo. En el informe Resultados de PISA 2015 Bienestar de los alumnos, se plantearon aspectos importantes relacionados con la satisfacción de la vida y el bienestar psicológico.

Al respecto, la OCDE (2017) planteó:

“La dimensión psicológica del bienestar de los estudiantes se refiere a sus propósitos de vida, autoconciencia, emociones positivas y expectativas. Promover el bienestar psicológico en la escuela puede mejorar la salud y el desarrollo socio-emocional de todos los estudiantes. PISA 2015 mide algunos aspectos del bienestar psicológico a través de los informes que hacen los estudiantes sobre su motivación para con el desempeño escolar y la ansiedad relacionada con el trabajo de la escuela. PISA también mide la satisfacción general de los estudiantes con su vida” (p. 2).

Esta dimensión del buen sentir estudiantil está relacionada con el estado emocional, mental y psicológico del estudiantado mientras cursa sus estudios. La misma abarca una secuencia de peculiaridades que pueden influir en el bienestar general de los estudiantes durante su vida académica y en el futuro como ser social. Promover el bienestar psicológico en la escuela posee una gran cantidad de beneficios como la reducción del estrés y la ansiedad, mejora el clima escolar, aumenta la autoestima y la confianza, reduce el acoso escolar, mejora la salud mental a largo plazo y desarrolla habilidades sociales.

En este informe también se abordó la temática relacionada con la vida social en la escuela.

Sobre ello, la OCDE (2017) señaló:

“La dimensión social del bienestar de los estudiantes se refiere a la calidad de su vida social. Incluye las relaciones de los estudiantes con su familia, sus compañeros y sus maestros, y sus sentimientos sobre su vida social dentro y fuera de la escuela. PISA 2015 mide el bienestar social de los estudiantes con preguntas sobre su sentido de pertenencia a la escuela, la exposición al acoso escolar y las relaciones con sus maestros” (p. 4).

Esta otra dimensión del bienestar de los estudiantes está relacionada con la naturaleza de su vida social y su interrelación con el docente y el resto de los estudiantes dentro y fuera de las instituciones educativas. El aspecto social es de gran importancia para el bienestar general de los estudiantes, puesto que la interacción social y las relaciones positivas pueden dejar una huella significativa en su desarrollo personal y emocional. La dimensión social se encuentra vinculada en gran medida con la dimensión psicológica, y en ella entran a jugar factores importantes como las relaciones sociales, la integración y la participación, el apoyo social, la inclusión y la diversidad, las habilidades sociales y el sentimiento de comunidad. Los espacios educativos que no respetan el bienestar de los estudiantes son escenarios que atentan contra la relación docente-estudiante afectiva y empática y, por consiguiente, contra el proceso de la construcción de la paz.

El interés de analizar esta problemática radica en aunar fuerzas para prevenir cualquier tipo de daño emocional o psicológico que pueda surgir en contextos educativos. La interrelación docente-estudiante es un factor fundamental en el proceso de construcción de la paz, y puede tener un impacto significativo en el bienestar emocional de los educandos. Urge transformar a la educación.

El objetivo de este texto es demostrar la importancia de investigar la manera en que la habilidad socioafectiva y empática que puede desarrollar el docente fomenta la construcción de la paz. Se abordan dos desafíos fundamentales que debemos enfrentar en el ámbito educativo como son la falta de capacitación docente en la regulación socioemocional y el respeto a la diversidad sociocultural y económica de los estudiantes.

Comenzaremos por ahondar en el primer punto. El docente debe concientizar que su profesión está llamada a educar con amor y con las responsabilidad de lograr en el estudiante un desarrollo socioemocional que se encuentre acorde a la comunidad en que vive y se desarrolla, relacionándose con sus semejantes en aras de lograr una buena convivencia. Sin embargo, existen docentes que no poseen la capacidad de regular sus aptitudes socioemocionales, debido a diversos factores relacionados con dificultades económicas, el estrés laboral, experiencias personales negativas, haber tenido en su formación una mala capacitación en habilidades socioemocionales o falta de apoyo emocional que les ayuden a gestionar su interrelación con los estudiantes. Se hace necesario que ambos actores comprendan y gestionen sus emociones, para que se establezcan relaciones saludables y se tomen decisiones adecuadas que generen una buena convivencia, ya que una relación socioemocional positiva en contextos educativos es primordial para crear un ambiente de paz y bienestar.

Arismendi (2020, p. 158) plantea que la paz

“está llamada a inspirar para transformar el hecho educativo; de allí, que una propuesta de Cultura de Paz se convierta en una alternativa necesaria para la formación de ciudadanos que desde la cotidianidad practiquen la paz en una escuela revitalizada, concebida como el escenario propicio para la enseñanza y el aprendizaje de conocimientos, valores, actitudes y aptitudes favorables a la sana convivencia, la resolución pacífica de conflictos y a la defensa de los derechos humanos”.

Garantizando la paz en los ambientes educativos, transformamos los mismos propiciando buenas prácticas de convivencia, de respeto, de comprender al otro, de sentir lo que siente el otro y garantizar una comprensión en cuanto a estados socioemocionales que permitan buenas relacionales humanas.

Relacionado con el segundo punto es importante destacar que fomentar competencias socioemocionales y de edificación de paz entre los docentes, promueve el respecto a la diversidad. Estos espacios a su vez deben establecer normas de convivencia que promuevan ambientes pacíficos para la resolución de conflictos, donde se promueva el diálogo y la comunicación; se enseñen habilidades de resiliencia y manejo de las emociones; así como también procesos educativos donde se celebre la diversidad, se fomente la colaboración y el trabajo en equipo. El respeto a la diversidad sociocultural y económica en los estudiantes es esencial para lograr la paz en procesos educativos, donde entran a jugar roles importantes individuos de diferentes sectores socioeconómicos, con diferentes culturas, religiones, idiomas y/o lenguas, así como discapacitados e indígenas donde se hace necesaria la convivencia pacífica. 

“No más educando, no más educador, sino educador-educando con educando-educador, como el primer paso que debe dar el individuo para su integración en la realidad nacional, tomando conciencia de sus derechos”, afirma Freire (1967, p. 16).

Paulo Freire propone un enfoque pedagógico asentado en la horizontalidad, la correspondencia y la equidad en la relación docente-estudiante. No está de acuerdo con la superioridad y autoridad del docente sobre el estudiante, sino que defiende la idea de que ambos actores son sujetos activos que se interrelacionan en el proceso de la construcción de universos educativos que propician la paz. Al establecer una relación conversacional y horizontal, ambos actores se enriquecen mutuamente y abogan por una pedagogía del diálogo en la que se escuchan y se respetan, como entes con conocimientos y experiencias valiosas. El ambiente educacional debe estar basado en la reciprocidad, la igualdad y el diálogo donde todos sean sujetos activos y se enriquezcan mutuamente en el proceso de generar ambientes de solidaridad, es decir, en términos actuales, favorecer los ambientes empáticos.

Conclusiones

Freire (1996) planteó:

“La preparación científica del profesor o de la profesora debe coincidir con su rectitud ética. Cualquier desproporción entre aquélla y ésta es una lástima. Formación científica, corrección ética, respeto a los otros, coherencia, capacidad de vivir y de aprender con lo diferente, no permitir que nuestro malestar personal o nuestra antipatía con relación al otro nos hagan acusarlo de lo que no hizo, son obligaciones a cuyo cumplimiento debemos dedicamos humilde pero perseverantemente” (pp. 8-9).

El docente debe combinar la competencia académica con la integridad ética en su profesión, ya que el conocimiento y la formación técnica deben ir acompañados de un sentido ético y moral sólido. Debe poseer una preparación humanística respaldada por una rectitud ética que guíe sus decisiones y acciones, fomentando aspectos como la honestidad, la imparcialidad, la responsabilidad y el respeto hacia el estudiante. Es importante esforzarse por actuar de manera justa, tratando a todos los estudiantes con equidad y respeto, evitando el favoritismo o la discriminación. Se busca cultivar valores y actitudes positivas en los estudiantes, para incentivar el respeto mutuo y desarrollar ciudadanos responsables, éticos y comprometidos con el bienestar de la escuela, fomentando el desarrollo ético en ellos. Así de esta manera se logra construir la paz en ambientes educativos.

La necesidad del docente de generar buenas competencias socioemocionales en el aula favorece una positiva interrelación afectiva y empática con sus estudiantes, contribuyendo a su desenvolvimiento integral como seres sociales, motivándolos a ejercer buenas prácticas de relaciones estudiantiles que apunten al respeto, la solidaridad y la convivencia pacífica.

Referencias

Arismendi, C. (2020). Cultura de Paz. Perspectivas Teóricas para su Construcción en el Ámbito Educativo.

Freire, P. (199). La educación como práctica de la libertad.

Freire, P. (1996). Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa en el siglo XXI.

OCDE. (2017). https://www.oecd.org. Obtenido de https://www.oecd.org/pisa/PISA2015-Students-Well-being-Country-note-Mexico.pdf

*Arycel Rodríguez Lezcano. Actualmente cursa la Maestría en Investigación y Desarrollo de la Educación, en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México (Ibero). Su área de interés son las Neurociencias educacionales e integra un grupo multidisciplinario que labora en un proyecto de investigación en el aula experimental de empatía de esta universidad jesuita.

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