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¿Cómo aprender cuando falta lo básico?

by Pluma Invitada
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Rosalba Gascón Pérez*

Existen salones de clases donde el mayor reto es entender una multiplicación. Y hay otros donde el reto es algo mucho más básico: tener con qué escribirla.

En algunas escuelas, los estudiantes cuentan con cuadernos completos, materiales suficientes y espacios dignos para aprender. En otras, el día puede comenzar preguntándose si habrá agua, si habrá luz, si alcanzarán los lápices o si habrá un docente que pueda acompañarlos durante todo el ciclo escolar.

No es lo mismo. Y, sin embargo, muchas veces esperamos los mismos resultados.

En México, hablar de educación sin hablar de condiciones es ignorar una parte esencial del problema. Las niñas y los niños que crecen en contextos vulnerables no solo enfrentan desafíos sociales o económicos fuera del aula, también lo hacen dentro de ella. Aprenden o intentan aprender en entornos donde lo mínimo no siempre está garantizado.

Desde el proyecto de intervención Mi Escuela Primero, en nuestra Asociación Civil Mexicanos Primero Jalisco, hemos trabajado con escuelas en contextos rurales, multigrado y comunitarios. Ahí, la brecha deja de ser un concepto y se vuelve cotidiana en ocasiones. Son escuelas donde, en algunos casos, no hay acceso constante a agua o electricidad, mucho menos a internet, donde el mobiliario es insuficiente, donde los materiales didácticos son escasos o inexistentes, y donde las familias no siempre pueden cubrir lo que hace falta.

Pero la falta de materiales no es sólo una carencia física. Es una limitación directa a las oportunidades de aprendizaje. Menos materiales implican menos posibilidades de experimentar, de crear y de participar. Impactan en la motivación, la confianza, el bienestar y los resultados.

Esto es una realidad medible. De acuerdo con la prueba Jalisco Avanza 2025, mientras que estudiantes de primarias generales obtienen en promedio 45 aciertos de 100 en español y 44 en matemáticas, los estudiantes de primarias indígenas alcanzan 31 y 34 respectivamente. La diferencia no es solo un número. Es una señal de que no todos están partiendo del mismo punto.

Y ahí es donde debemos ser claros: equidad no significa dar lo mismo a todos, sino dar a cada quien lo que necesita.

Cerrar la brecha educativa no se logrará únicamente desde el aula, ni únicamente desde el gobierno. Requiere diagnósticos precisos, pero también voluntad para actuar sobre ellos. Requiere inversión, coordinación y, sobre todo, corresponsabilidad.

Porque cuando una escuela no tiene lo mínimo, no es solo un problema de esa escuela. Es una responsabilidad compartida. Del Estado, que debe garantizar el derecho a la educación, pero también de la sociedad, que puede involucrarse, vincularse y contribuir a mejorar las condiciones donde más se necesita.

Fortalecer las condiciones de aprendizaje en contextos vulnerables no es un gesto de apoyo, es un acto de justicia. Porque el derecho a la educación no debería depender del lugar donde se nace. Y aprender no debería ser un privilegio, sino una posibilidad real para todas y todos.

*Coordinadora de proyectos de intervención en Mexicanos Primero Jalisco . Correo: rgascon@mpj.org.mx 

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