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Centro INIDE analiza experiencias de OSC para vincular a jóvenes con trabajo y comunidad

by Redacción Revista Aula
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La formación laboral de las juventudes requiere procesos de acompañamiento previos, capacitación técnica, habilidades socioemocionales, seguimiento posterior y vínculos reales con el territorio, coincidieron representantes de organizaciones de la sociedad civil durante el encuentro “La formación para el trabajo desde la perspectiva de organizaciones de la sociedad civil”, realizado como parte de las actividades del Centro INIDE de la Universidad Iberoamericana.

En el diálogo participaron Teresa Lanzagorta, exdirectora de YouthBuild México, así como representantes de la Fundación Tosepan y de la Unión de Cooperativas Tosepan, quienes compartieron aprendizajes derivados de experiencias de trabajo con jóvenes en situación de exclusión educativa, laboral y territorial.

Lanzagorta presentó el modelo Jóvenes con Rumbo, una estrategia impulsada desde 2012 por organizaciones sociales para acompañar a jóvenes desvinculados de la escuela y el trabajo, particularmente en zonas de alta marginación.

Explicó que entre 2019 y 2022 este modelo logró articularse con el programa federal Jóvenes Construyendo el Futuro, lo que permitió que las y los participantes recibieran el estipendio gubernamental mientras cursaban una ruta formativa presencial.

De acuerdo con la especialista, Jóvenes con Rumbo contemplaba seis meses de trabajo formativo, de lunes a viernes, con cinco horas diarias, en áreas como proyecto de vida, desarrollo socioemocional, formación para el trabajo, capacitación técnica y apoyo para concluir estudios truncos.

También se desarrolló una modalidad de año y medio, llamada Jóvenes con Rumbo Preparatoria Segunda Oportunidad, orientada a que las y los jóvenes pudieran terminar el bachillerato.

Lanzagorta señaló que durante tres años alrededor de 2 mil 400 jóvenes participaron en Jóvenes con Rumbo con el apoyo del estipendio de Jóvenes Construyendo el Futuro. No obstante, advirtió que una política pública de esta escala requiere más que una transferencia económica o una plataforma de registro.

La exdirectora de YouthBuild México sostuvo que las juventudes con mayores condiciones de precariedad no siempre están listas para incorporarse de inmediato al trabajo, pues muchas arrastran años de desvinculación, desmotivación y falta de confianza.

Por ello, explicó, las organizaciones debían realizar trabajo casa por casa para conformar grupos, además de dedicar un periodo inicial al empoderamiento emocional, con el fin de que las y los jóvenes pudieran construir un proyecto de vida y reconocer sus capacidades.

Lanzagorta cuestionó que el programa federal no incorporara suficientemente capacitación, certificación, formación en habilidades para la vida ni seguimiento de egresados. También criticó la narrativa que asoció a jóvenes pobres y desvinculados con criminalidad, en lugar de reconocerlos como jóvenes oportunidad.

En su intervención, las representantes de Fundación Tosepan y de la Unión de Cooperativas Tosepan expusieron el proyecto Fortalecimiento de las juventudes locales y rescate de los valores, desarrollado en la Sierra Nororiental de Puebla con población nahua y tutunakú.

Explicaron que la Unión de Cooperativas Tosepan trabaja en 39 municipios, agrupa 457 cooperativas y cuenta con más de 53 mil socios, con una participación mayoritaria de mujeres. Su horizonte, señalaron, es mejorar la calidad de vida de las familias mediante trabajo organizado y un proyecto comunitario de “vida buena”.

Como parte de su experiencia con Jóvenes Construyendo el Futuro, Tosepan diseñó siete planes de trabajo en áreas como educación financiera, turismo alternativo, soberanía energética, comunicación comunitaria, transformación de bambú, salud comunitaria y revitalización campesina.

Las representantes señalaron que uno de los principales retos fue acompañar a jóvenes con trayectorias educativas muy diversas. Algunas áreas requerían bachillerato o licenciatura, mientras que otras recibieron participantes con primaria incompleta, secundaria o sin escolaridad formal.

La mayor participación se concentró en el área de revitalización campesina, donde no se exigía escolaridad mínima. Ahí, explicaron, fue necesario revalorar el trabajo del campo y combatir la idea de que ser campesino representaba una desventaja.

Para fortalecer el proceso, Tosepan diseñó el Diplomado Plan de Vida, una ruta de ocho meses orientada a que las juventudes construyeran proyectos propios, comunitarios y con identidad territorial.

El diplomado incluyó formación en principios cooperativos, economía solidaria, gestión organizativa, emprendimiento social y fortalecimiento del tejido comunitario. Además, buscó que las y los jóvenes reconocieran que podían crear oportunidades en sus propias comunidades, sin que la migración fuera la única salida.

Durante la presentación se informó que alrededor de 250 jóvenes de la Sierra Nahua-Tutunakú fueron capacitados y que 91 participantes concluyeron satisfactoriamente el diplomado con certificación de la IBERO. También se destacó que 20 jóvenes lograron impulsar proyectos comunitarios, entre ellos una radio comunitaria.

En el diálogo posterior, se planteó que uno de los principales pendientes de los programas de formación laboral es el seguimiento después de la beca o del periodo de capacitación. Lanzagorta recordó que se discutió la posibilidad de un llamado “mes 13” para acompañar la transición al empleo, pero señaló que esta ruta no se consolidó.

También se advirtió que sin seguimiento resulta difícil saber si las y los jóvenes permanecen en un empleo, continúan sus estudios, desarrollan un emprendimiento o vuelven a quedar desvinculados de oportunidades educativas y laborales.

Las organizaciones participantes coincidieron en que las experiencias más sólidas son aquellas que no sólo vinculan a jóvenes con centros de trabajo, sino que construyen procesos formativos integrales, con acompañamiento humano, habilidades socioemocionales, formación técnica, identidad comunitaria y orientación educativa.

Al cierre, el Centro INIDE destacó la importancia de abrir espacios para analizar las experiencias de la sociedad civil en la formación para el trabajo, particularmente en un contexto donde muchas juventudes enfrentan incertidumbre, desigualdad y falta de oportunidades reales.

Las experiencias presentadas mostraron que acompañar a las juventudes en su transición hacia el mundo laboral no sólo puede transformar trayectorias individuales, sino también fortalecer comunidades, ampliar horizontes de futuro y contribuir a una política pública más sensible a los contextos locales.

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