Inicio » Los dilemas de la desesperanza. Impacto del marco curricular 2022 en el trabajo docente

Los dilemas de la desesperanza. Impacto del marco curricular 2022 en el trabajo docente

by Abelardo Carro Nava
478 Vistas

El tema que hoy nos ocupa, Los dilemas de la desesperanza. Impacto del Marco Curricular 2022 en el Trabajo Docente, deseo abordarlo empleando tres metáforas que, de alguna forma, intentarán trasladar algunas reflexiones educativas a la realidad que, desde mi perspectiva, son parte del análisis que he venido realizando desde que conocimos la propuesta curricular denominada Marco Curricular y Planes de Estudio 2022 de la Educación Básica Mexicana. Propuesta que, como sabemos, se encuentra en construcción y que ha generado diversas reacciones, de diferentes actores y en diversas latitudes. 

Desde luego que este análisis, parte de mi posición como docente frente a grupo en una escuela normal; institución educativa que me ha permitido mantener un diálogo directo con maestras y maestros que laboran en diferentes instituciones, niveles y modalidades. En fin, parto desde una mirada del docente que, si bien es cierto no es generalizada, si contiene algunos rasgos de lo que cotidianamente escucho de ellos cuando superviso las prácticas profesionales de mis estudiantes, o bien, cuando gentilmente me han invitado para que compartamos algunas ideas a través de una charla, un taller, entre otros.

Primera metáfora: “El síndrome de la reformitis aguda”

Para pocos es desconocido que nuestro país vive una “reformitis aguda” de importantes consideraciones. Aquella expresión en los últimos años tan conocida y poco tomada en cuenta, se ha dicho en más de una ocasión y por más de un docente: “Apenas estamos comprendiendo el plan de estudios y ya no los van a cambiar”. Frase que se entiende si nos remontamos a lo que desde la década de los noventa ha venido sucediendo en México después de la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB) y, de manera particular, cuando en los primeros años del 2000 comenzó a desarrollarse la Reforma Integral para la Educación Básica (RIEB). El ciclo de reformas curriculares inició en preescolar en 2004, en secundaria en 2006, en bachillerato en 2008 y en la educación primaria entre 2008 y 2009. De tal ejercicio, se desprendió el Plan de Estudios 2011. Educación Básica que, hasta nuestros días, sigue vigente en nuestro Sistema Educativo y cuyo enfoque basado en competencias, fue la piedra angular que movilizó el trabajo docente.

Pasados 6 o 7 años, después de este largo proceso reformista, llegó el Nuevo Modelo Educativo 2018 y, con ello, lo que se conoció con el nombre de Aprendizajes Clave para la Educación Integral, una mirada que intentó superar el enfoque basado en competencias por uno denominado competencial puesto que, se dijo, el punto de partida ya no serían las competencias, sino que éstas, serían el punto de llegada para el logro de los aprendizajes de millones de estudiantes inscritos en alguna de las escuelas de nuestro Sistema Educativo. Plan de estudios 2018 que, aunque algunos funcionarios de la Secretaría de Educación Pública Federal no les agrade reconocerlo, sigue vigente en los centros educativos en la República Mexicana. Aquella orden de “suspender” su aplicación que, desde la SEP se envió a las estructuras oficiales de los estados a principios de 2019, quedó en eso, en una notificación administrativa que no tuvo mayor eco. Otra vez, el trabajo docente se movilizó en función de los grados escolares en los que sí se consideró su aplicación para organizar el quehacer pedagógico y didáctico en las aulas. 

Pasados tres años desde que el gobierno lopezobradorista asumió el rumbo del país, en enero de este año conocimos la propuesta curricular que, en el ciclo escolar 2023-2024, pretende implementarse en la educación básica, previa “capacitación” (así lo ha definido la actual Secretaria de Educación) de todas las maestras y maestros. Propuesta que, como hasta el hartazgo se ha dicho, busca romper o superar el enfoque basado en competencias y el competencial porque, también se ha dicho, éstos han fragmentado el conocimiento por su abordaje a partir de asignaturas y no por campos formativos mediante diálogos, contenidos, progresiones de aprendizaje y una evaluación de carácter formativo. Esto, considerando a la comunidad y territorio como el centro que articula 4 campos formativos y 7 ejes articuladores. 

De nueva cuenta, el trabajo docente y los docentes, tendrán el enorme reto de abordarlo sin que se tenga claro el rumbo, enfoque, metodología o principios formativos que superen el modelo carencial, remedial e instrumental que ha caracterizado la formación continua del profesorado mexicano en los últimos años, donde un “facilitador o experto”, es quien dota de saberes y conocimientos a las maestras y maestros para que, con dicho “conocimiento” operen o sean reproductores del plan de estudios; concepción que, no sé si a ustedes se los recuerde, pero a mí sí me traslada a la pedagogía bancaria de Freire. En fin.

Tres décadas de constantes reformas curriculares; tres décadas en las que el docente no ha sido valorado en su justa dimensión, aunque en estos días, como en antaño, se afirme que, tras consensos, diálogos y consultas con maestras y maestros, se ha logrado concretar (legitimar) el currículo. Algo que, por donde quiera que se mire, no es del todo cierto, porque ni con todos los profesores se dialoga, ni con todos se consensa, ni a todos se les consulta. 

No obstante, lo anterior, y deseo ser muy enfático en ello, en esas tres décadas ahí ha estado el maestro, la maestra, cumpliendo con su función dentro de su espacio escolar, aún y a pesar de sus paupérrimas condiciones laborales, profesionales y de infraestructura que caracterizan a cientos de planteles escolares, pero también, bajo un sistema educativo completamente vertical y autoritario y del cual hablaré más adelante. 

¿Acaso esa maestra o ese maestro se inconformó con la puesta en marcha del plan de estudios 2018?, ¿cuáles fueron sus comentarios, observaciones y sugerencias para, posiblemente, mejorarlo?, ¿no acaso la inconformidad y resistencia en el sexenio pasado se dio en razón de la aprobación y aplicación de una evaluación a todas luces punitiva derivada del Pacto por México? Ahora bien, ¿qué grupos de enfoque se conformaron con maestras y maestros para que, a partir del diálogo entre éstos y algunas otras figuras, se afirmara que la fragmentación del conocimiento se generaba por el abordaje de contenidos en asignaturas y, por tal motivo, hoy día se plantean los campos formativos para que esto no suceda?, ¿existen esos estudios?, ¿quién los tiene y por qué no se han hecho públicos?

En suma, ¿por qué los distintos gobiernos, incluyendo el actual, no le han dado el valor que merece la educación que han recibido, reciben y recibirán los millones de estudiantes inscritos en las escuelas de nuestro Sistema Educativo?, ¿por qué no pensar en la conformación de un Acuerdo Nacional en el que se ponga al centro a la educación, independientemente del partido político y del político que llegue al gobierno, para que se cuente con planes y programas transexenales con horizontes locales, materiales didácticos, libros de texto, escuelas y aulas dignas, profesoras y profesores mejor formados en las escuelas normales y en el trayecto de su carrera?, ¿por qué no pensar en un currículo nacional que supere los malestares ocasionados por esa “reformitis aguda” y que, desde luego, cuente con la participación de todas las maestras y maestros de México, pero también, de todos los actores independientemente de su ideología o posicionamiento político? 

Recordando la charla que hace unos días el Dr. Ángel Día Barriga ofreció en las instalaciones de la SEP en la Ciudad de México titulada “Retos de la docencia ante el marco curricular 2022” y, desde luego siguiendo con la línea de propuestas de lo que denominó utopía de lo posible; aquí tenemos otra utopía de lo posible.  

Ojalá, y en verdad, se le diera la debida importancia al quehacer docente y al docente mismo porque, ya han sido tres décadas en las que, si no se le ha visto como un objeto, si como medio o instrumento que opera lo que emana desde el centro; pendiente quedará, el que prácticamente al término de este sexenio se pondrá en marcha el marco curricular que hoy nos permite comentar algunas ideas; esperemos que, pasadas las elecciones, con la llegada de otro gobierno, otro presidente o presidenta, otros funcionarios en la SEP, no envíen otra notificación administrativa que indique que el plan de estudios 2022 quedará suspendido y que, por tanto, seguirá operando el 2011 y 2018, mientras se construye uno nuevo. ¿Acaso los millones de estudiantes se merecerían esto?, ¿acaso como país, sociedad y gremio no podríamos lograr ese acuerdo educativo?

Segunda metáfora: “El síndrome del mundo de colores y caramelo”

En 2008, una artista y cantante mexicana, lanzó un tema muy particular “Un mundo de caramelo”; si ustedes han escuchado esa canción, podrán advertir, la narrativa de una niña que solo pide una cosa “un mundo mejor”, desde luego, a través de los caramelos. 

Bueno, pues esta metáfora viene a colación porque, allá por el 2017, la Secretaría de Educación Pública, difundió un comercial en el que, en los primeros segundos, se podía observar a un grupo de niños en un salón de clases que, al unísono, repetían una lección; a pregunta expresa de uno de estos pequeños, a su profesora, ¿oiga, y esto para qué sirve?, ella le responde: “tienes razón, qué les parece si en lugar de repetir, tratamos de entender”. Justo en ese momento, el primer cuadro que estaba en blanco y negro, se ilumina y aparecen los colores con una música de fondo, por así decirlo, triunfante.

Hoy día, cuidado, con la nueva propuesta curricular dada a conocer en el mes de enero de este año, desde mi perspectiva, se está enviando un mensaje similar a la sociedad mexicana, y esto no es del todo cierto porque, como es conocido, hay cambios que se logran a corto plazo, pero hay unos más complejos que, lógicamente, se vislumbran a largo plazo. 

Y es que, quienes hemos tenido la oportunidad de pisar una escuela y un salón de clases, sabemos que los cambios o transformaciones educativas y/o docentes, no se logran de la noche a la mañana; todo es un proceso, a veces lento, a veces rápido, porque los procesos son eso, procesos a partir de los cuales se van teniendo avances o retrocesos en diferentes rubros, ya sea de aprendizajes, de evaluación, de aprovechamiento, de gestión, de formación continua, en fin, de todo aquello que es parte de ese continuum educativo que requiere su debida atención y tratamiento.

Es cierto, hay que reconocerlo, el marco curricular 2022 tiene varios aciertos con los cuales he coincidido con varios colegas, por ejemplo: a) una postura epistemológica no empleada en anteriores planes de estudio; b) la integración de disciplinas e interdisciplinariedad como aspectos que pueden posibilitar el aprendizaje, colocando a la comunidad al centro; c) la integración de la educación inicial como parte de las 6 fases; d) el reconocimiento de lo diverso como punto de partida, y lo comunitario, como horizonte al que se pretende llegar a través de los ejes articuladores y campos formativos; f) el reconocimiento, en los ejes articuladores, del pensamiento crítico e interculturalidad crítica, g) el reconocimiento (social) hacia el docente y la labor que realiza en el aula (didáctica), entre otros.

Pero también tiene varias áreas de oportunidad, por ejemplo: a) un diagnóstico incompleto dado que no se integraron datos sobre el rezago o abandono escolar antes y durante la pandemia; b) la crítica en exceso hacia el neoliberalismo (todo lo anterior fue malo y lo de hoy será bueno); c) la ausencia de teorías pedagógicas y un exceso de epistemologías del sur; d) la consideración de modalidades o metodologías para el trabajo docente que no son del todo conocidas y/o dominadas por los docentes, debido a la limitada formación continua de los últimos 20 años o de los planes de estudio de las instituciones formadoras de docentes en donde se formaron; e) el reconocimiento de la comunidad, pero que excluye a otros ámbitos educativos como el de las escuelas particulares o privadas, o los contextos urbanos; f) el establecimiento de programas de español e inglés, pero no otras lenguas; entre otras.

Tales aciertos y tales áreas de oportunidad, demuestran que no hay currículo y plan de estudio perfecto, todo es perfectible en la medida en que se comprenda que no solo el campo educativo obedece a éstos porque, como sabemos, en dicho campo inciden multiplicidad de factores que, mientras no se atiendan, difícilmente se podrán lograr los resultados esperados. Es decir, podríamos tener el mejor plan de estudios, pero, si las condiciones económicas, políticas, sociales y hasta culturales no se atienden para que se reduzcan las brechas de desigualdad e inequidad de sobra conocidas, difícilmente, dicho plan de estudios podrá lograr el objetivo propuesto.

¿Cuántas maestras y maestros no tienen que adquirir sus materiales de trabajo, con sus propios recursos, porque las escuelas no cuentan con los recursos presupuestales para cubrirlos?, ¿cuántas niñas o niños no llegan a la escuela con el estómago vacío porque en casa, sus padres, no han obtenido mayores ingresos dado el incremento de los productos de la canasta básica y cuyos sueldos son paupérrimos?, ¿cuántas niñas y niños no llegan a la escuela con estados emocionales diversos por las diferentes situaciones o circunstancias que viven en casa o en la comunidad donde viven?, ¿cuántas maestras y maestros priorizan la atención a sus estudiantes y, en la medida de sus posibilidades y conocimientos, orientan psicológicamente a estos alumnos?, ¿cuántas maestras y maestros registran el abandono escolar de sus estudiantes y, en algunos casos, ellos mismos hacen lo posible para que sus niños regresen a su salón de clases?, ¿cuántas maestras y maestros no son requeridos por su autoridad educativa porque no ha trabajado el plan de estudios por estar atendiendo ciertos reportes incomprensibles que representan una carga administrativa absurda?, ¿cuántas maestras y maestros han recibido apoyo psicológico o terapéutico por todo ello?,¿acaso se ha olvidado que una maestra o un maestro también es un ser humano?

Sí, todos queremos un mundo de caramelo y lleno de colores; sí, todos queremos que la educación logre los propósitos que persigue; sí, muchos queremos una nueva escuela mexicana que no sea o represente un vintage educativo; sí, muchos deseamos que todo cambie; pero, ¿podríamos comenzar por intentar cambiar esa idea de que, de la noche a la mañana, todo mejorará por santo y obra de quien está en ese momento en el poder?, ¿podríamos dar paso a otra utopía de lo posible: la de un Sistema Educativo horizontal y con un país que construya políticas económicas, sociales y culturales que atienda desigualdades, pero también inequidades?.

Tercera metáfora: “el síndrome de un mexicano más”

Hace algunos años, Juan Sánchez Andraka, nos obsequió uno de los textos más interesantes que pude haber leído. Como sabemos, en éste se relata la vida de un joven de un pueblo de una provincia mexicana cuya conciencia se despierta al observar las grandes contradicciones que le rodean: una religión dogmática, instituciones educativas mediocres, políticos corruptos y una sociedad estancada en el conformismo. Tengo en mi memoria, aquella escena en la que pinta a un maestro que acaba de llegar a una escuela, con ideas nuevas, propuestas diferentes y con otra visión del hecho educativo. Como parece lógico, al intentar proponer que las cosas se hagan de otra manera, justamente cuando se estaba organizado algún festejo, apareció lo que muchos conocemos, estructuras sedimentadas a través del tiempo porque, palabras más palabras menos, las “cosas siempre se habían hecho de una forma y no de otra”. No había cabida para algo diferente.

Tal relato y metáfora, caracteriza lo que hoy se vive en nuestro Sistema Educativo, un sistema centralista, vertical y autoritario donde no hay cabida para las diferencias y para los diferentes. ¿Cuántas maestras y maestros no han sido llamados a dar cuenta de sus acciones porque han tomado la iniciativa de hacer de su trabajo algo diferente a lo que desde el centro y de sus autoridades educativas se determina?, ¿cuántas directoras, directores, supervisoras o supervisores no son llamados por sus inmediatos superiores para que se apeguen a lo que sus políticas determinan aunque resulten incomprensibles dados los contextos y/o circunstancias que se viven en una región o comunidad educativa?

Curiosamente, en el marco curricular propuesto, se alude a una interculturalidad con un enfoque crítico, que permita o favorezca el reconocimiento del otro para la implementación de acciones que posibiliten superar esquemas anquilosados o arcaicos, aspecto, sin duda, de gran importancia, sin embargo, la realidad es que, ni un ápice, se muevan las estructuras oficiales para dar paso a una horizontalidad que reconozca la diversidad en un México tan complejo como el que hoy día conocemos.

Hay una clara diferencia entre anarquía y diversidad; conceptos que me llevan a asumir el segundo más allá de lo que el primero pudiera representar. Entonces, si aceptamos que la fragmentación del conocimiento a través de asignaturas ha generado que los aprendizajes no sean los esperados y, por ello, ahora se proponen el abordaje de contenidos por campos formativos a través de proyectos, ¿de qué manera podrá lograrse este propósito si, por ejemplo, en secundaria el tema de los maestros “taxi” no ha sido atendido como debiera y, por tanto, una maestra o maestro tiene que cubrir las pocas horas que tiene asignadas para trasladarse a otra u otras instituciones educativas para cumplir con su función porque el sueldo no alcanza?, ¿de qué manera se podría poner en marcha esquemas de trabajo bajo un enfoque globalizador, centros de interés o aprendizaje basado en proyectos si en muchos estados las autoridades exigen la elaboración de una planeación en un formato único que éstas mismas han elaborado sin considerar los elementos curriculares, situaciones didácticas, secuencias didácticas o formas de evaluación diversas propuestas por los colectivos docentes?, ¿de qué manera organizar el trabajo escolar y docente si los salones de clase siguen manteniendo el mismo esquema tradicionalista porque, hasta el momento, no se ha concebido otra forma de construir espacios para la generación de ambientes de aprendizajes con interacciones diversas?, ¿de qué manera organizar el trabajo y de gestión al interior de  las escuelas si los incomprensibles Consejos Técnicos Escolares obedecen a una política centralista que se sustenta, la mayoría de veces, en un Programa Escolar de Mejora Continua que difícilmente puede romper con lo que dictan las autoridades porque lo importante, hoy día, es lograr la excelencia educativa y no la calidad educativa aunque tales concepciones representen casi lo mismo?, ¿de qué manera organizar el trabajo si la formación continua ha perdido su valor reduciéndose a un programa de estímulos salariales a través de los cuales se sigue priorizando el mérito y no la formación propiamente dicha?, ¿de qué manera realizar una función tan noble merecedora de todo un reconocimiento si de manera continua y reiterada se vulneran los derechos de los trabajadores de la educación que no son defendidos por un Sindicato que sí defiende pero sus propios intereses y los de sus dirigentes?

En suma: ¿de qué manera romper con esa concepción de contar con un mexicano más en nuestro país para transitar hacia un mexicano menos en el entendido de que tal aseveración no significa la eliminación de su persona sino el pleno reconocimiento de su diferencia y de sus posibilidades de actuación ante circunstancias adversas? He aquí otra utopía de lo posible.

Y es que una maestra o un maestro, jamás verá en sus alumnos a liberales y conservadores, ve a un grupo de niñas, niños, adolescentes y adultos, y punto. 

Tres metáforas, varias ideas, varios impactos, pero en medio de todo esto algo es cierto: las maestras y los maestros, son los que sostienen el Sistema Educativo y la Educación en nuestro México; así ha sido y así seguirá siendo. ¿Le apostamos a un cambio verdadero?, no le apostemos todo a un plan de estudios; he aquí otra utopía de lo posible.

*Texto presentado en la mesa redonda: “Impacto del Marco Curricular en el Trabajo Docente”, en el CIE de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Docente normalista. 

*Publicado originalmente en la primer edición de nuestra revista impresa: https://revistaaula.com/wp-content/uploads/2022/10/Aula-01D.pdf

Facebook Comentarios

También te puede interesar

Contacto

Revista Aula. Revista de periodismo y análisis especializado en temas educativos que fortalece el debate de manera libre y plural.

Publicaciones destacadas

Suscríbete

Suscribirse para recibir noticias de Revista Aula