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La sabiduría en la crianza

by Pluma Invitada
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Teresa Galicia

Hoy mi invitación es para reflexionar en lo importante que es educar a la niñez. La crianza por parte de los padres en estos tiempos, ofrece muchas oportunidades para evitar educar por ensayo y por error como lo hemos hecho a lo largo de muchas generaciones, sin embargo, observo que, en muchos casos, esta crianza se le deja a la escuela o al internet.

Hace algunos meses mi hija me recomendó la lectura de “El arte perdido de educar. Recuperar la sabiduría necesaria para crear pequeños seres humanos felices” de Michaeleen Doucleff. Este libro es una lectura destinada para las mamás y los papás que buscan soluciones inteligentes y creativas a los problemas de crianza que más practican y que les frustran.

La autora, una mamá y periodista científica, abrumada por la crianza de su pequeña hija, que la dejaba totalmente agotada en el día a día, se dio a la tarea de investigar en las culturas más antiguas del mundo bajo la premisa que por siglos han dominado el arte de criar niños felices y bien adaptados. Su propósito fue responder a la pregunta: ¿qué podemos aprender de ellas? y ¿qué nos estamos perdiendo de la sabiduría ancestral?

Por eso decidió aprender y a practicar estrategias de crianza existentes en familias en tres comunidades del mundo: los mayas en México, los Inuit sobre círculo polar ártico y con los hadzabe de Tanzania. Estas familias demostraron no tener los mismos problemas con los niños y han logrado construir una relación muy diferente con ellos, basada en la cooperación en lugar del control, en la confianza en lugar del miedo y en las necesidades personalizadas en lugar del desarrollo estandarizado.

Además, destaca, como la visión occidental, originaria de Europa y de Estados Unidos, es la que predomina sobre la crianza, cuando sus poblaciones están entre las poblaciones menos representativas y, aun así, los resultados de sus estudios, se generalizan a todas las razas y situaciones en el mundo.

En realidad, es relativamente nueva la educación de los niños en el escenario mundial de educación, la mayoría de los métodos actuales, tienen una antigüedad apenas mayor a un siglo y en algunos casos, sólo con décadas de prácticas, no han superado la prueba del tiempo y con mucha frecuencia las directrices cambian con tanta rapidez y de una generación. Muchas prácticas comunes que consideramos esenciales o cruciales para educar niños que se imponen, no están presentes en ninguna otra cultura.

Existe una especialidad en Psicología, denominada psicólogos interculturales, quienes no solamente estudian los comportamientos de los europeos y los estadounidenses, viajan a otros lugares para estudiar cómo responden las personas de otras culturas, qué es lo que para las personas da sentido a su vida y como esa percepción, es diferente   en cada lugar del mundo.

La autora, visita una aldea maya en la península de Yucatán y se encuentra con mamás y papás que crían niños amables generosos y serviciales sin tenerles que gritar o regañar, se da cuenta de que inculcar amabilidad, empatía y confianza en los pequeños no resulta un problema en otras culturas. Estas familias tradicionales educan a sus hijos a través de la observación, la práctica diaria y la transmisión oral de su lengua y tradiciones.

Integran el aprendizaje en el hogar y las tareas cotidianas como la cocina y el campo, donde niñas y niños aprenden roles de género específicos: las niñas con sus madres y los niños con sus padres. Para desarrollar su identidad y habilidades dentro de la cosmovisión maya, fomentan el “aprender haciendo” en un entorno comunitario.

Educar a los hijos en las estructuras familiares tradicionales desde hace cientos de miles de años, era una cuestión multi generacional. Los niños aprendieron de un montón de personas:  bisabuelos, abuelos, tíos, tías, amigos de la familia, vecinos, primos y al resto de los niños que los acompañan. Durante los últimos cien años aproximadamente, la familia occidental se ha ido encogiendo, pasando de una especie de buffet multi generacional a un ente diminuto que consiste sólo en papá, mamá, dos niños a lo sumo y quizás un perro o un gato.

Los padres y en especial la mamá, carga con más responsabilidades de crianza que nunca en la historia y aún así es quien menos preparada está para la tarea. Es un hecho que jamás la carga de la maternidad había sido tan grande para las madres, es decir, la creación de la familia nuclear remodeló cómo educarnos, pero también como aprendemos a educar, que no necesariamente es la mejor.

Sin duda, requerimos reflexionar en el tipo de crianza que realizamos y, por tanto, en la niñez que formamos en los hogares, porque llegan a las escuelas con ciertos hábitos y valores que la escuela no transforma, porque lo básico, lo necesario y lo fundamental, se forma en el hogar.

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