En un raro país llamado Perú, donde habitan más mujeres que varones, de los doce debatientes técnicos, solo una fue mujer. La pregunta surge de inmediato: ¿dónde están ellas? ¿Acaso …
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Mientras en este mes de mayo los elegantes funcionarios celebran la educación inicial entre discursos, globos, aplausos y desfiles de niños sonrientes junto a sus maestras, más de 400 mil niños pobres del Perú observan esa alegría desde lejos, desde sus montañas, caminos polvorientos o desde las rendijas de sus humildes moradas y sin desayuno. Miran en silencio, con lágrimas rodando por sus mejillas y el corazón repleto de tristeza, soñando ponerse un uniforme, una mochila y una maestra que los abrace con cariño y amor.
En un escenario donde el Perú insólitamente ha batido el récord Guinness con 35 candidatos presidenciales, casi todos, abocados a ganar votos sin importar construir un futuro próspero y compartido, desconocen que la educación científica podrá conducir al país a dejar el club de los países subdesarrollados y convertirse en un país de avanzada.
En un batiburrillo de 35 candidatos, donde la mayoría hacen de la política su gran negocio, el debate presidencial 2026 se desarrolló como una escena casi risible. En lugar de proponer lineamientos sobre educación, innovación y tecnología para hacer de Perú un país desarrollado, se enfocaron a atacarse entre ellos. Apenas soltaron vagas ideas sobre educación. Al final, queda la sensación de que el verdadero objetivo es llegar a la presidencia que alimente su ego y sus bolsillos.
El pasado domingo, un día antes de que inicien las clases en la educación básica de Perú, yo andaba en apuros, casi como si fuera un estudiante. Un colega notó mi desesperación y me preguntó sonriendo por qué tanto me preocupaba si no tenía hijos. Le respondí que, si bien no tengo hijos, como ciudadano somos responsables de que las generaciones se eduquen para liderar el país, beneficiar a todos y lograr nuestro desarrollo. Me miró sorprendido y dijo: “Tienes razón, la educación es una responsabilidad compartida”.
En estas vacaciones, mientras capacito sobre comprensión lectora, algunos docentes me preguntan, serios: “¿Sus estrategias están alineadas con los estándares del Ministerio de Educación?”. Yo les respondo: “Sí, está alineado, pero no apresado”. Les digo que leer es ver más allá de lo evidente, no es solo entender el libro, sino captar el mensaje de las oportunidades que la vida nos muestra. Al final se marchan dudando, pero más creativos, empoderados y visionarios.
A finales del año pasado, durante un viaje de vacaciones por el norte de Perú, fui invitado inesperadamente a dar una ponencia en un encuentro literario con estudiantes y docentes. Al notar que el evento destacaba más a autores clásicos, decidí enfocar mi intervención en revalorar a los autores vivos presentes. De esa experiencia emerge este artículo, que invita a otorgar protagonismo a quienes hoy erigen cultura.
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