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UAQ: Presente y futuro

by Pedro Flores Crespo
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Gracias a la autonomía, las universidades públicas sabemos construir las condiciones sobre las cuales queremos funcionar. Es decir, qué filosofía educativa adoptar, qué clima organizacional desarrollar, y con qué reglas operar para cumplir con las funciones sustanciales de la educación superior que son docencia, investigación, y extensión y difusión de la cultura. Es aquí donde es posible cultivar y ejercer nuestra capacidad de razonar libremente.

Pero la autonomía no significa autosuficiencia ni aislamiento. Las universidades públicas deben ejercer eficaz y transparentemente los recursos públicos y rendirle cuentas a la sociedad. Esto precisamente hizo la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), en voz de su rectora, la doctora Teresa García Gasca, el pasado jueves bajo el bello ambiente del Teatro de la Ciudad.

A la UAQ la conforman 13 facultades y la escuela de bachilleres. Actualmente, tiene una matrícula de 33,576 estudiantes y seis de cada diez son mujeres. García Gasca reportó que para el ciclo escolar 2021-2022, nuestra universidad concentró 36 por ciento del total de la matrícula de educación pública, lo que muestra el alcance que tiene la universidad en la entidad. Algo más interesante es que a medida que se eleva el nivel, la proporción de jóvenes aumenta. Dos de cada diez jóvenes de bachillerato lo cursa en la UAQ, mientras que cuatro lo hacen en licenciatura y siete en posgrado. 

Dado que fue el Quinto Informe de actividades, es necesario hacer una análisis histórico. Así podemos observar que de 2017 a 2019, la participación de jóvenes en bachillerato y licenciatura aumentó, pero a partir de 2020, la tendencia positiva se revirtió muy probablemente a consecuencia de la pandemia. De hecho, la “deserción” aumentó 26 por ciento de 2019 a 2021, aunque hay un dato que, a la luz de esto, llama la atención. El monto de dinero en becas “internas” aumentó de 44 a 45 millones (+2%) en este mismo periodo.

Contrario a lo que comúnmente se piensa, el dinero no puede por sí sólo revertir la inequidad; se requieren acciones mucho más imaginativas y efectivas para evitar que los jóvenes abandonen sus estudios por razones ajenas a ellos. En este sentido, esta columna ha insistido, con base en los resultados de la investigación, en repensar la noción de la equidad en la educación superior. Para ello, habrá que tomar más seriamente la pedagogía, la práctica docente, las reglas de evaluación del aprendizaje y el ambiente institucional donde las y los jóvenes se desenvuelven. 

Ampliar el concepto de equidad para diseñar estrategias innovadoras dentro de la UAQ es una tarea urgente. No hay que perder a más jóvenes, por un lado y por el otro, hay que aumentar nuestra matrícula con calidad y equidad. Para ello, los modelos de aprendizaje tradicionales deben ponerse en escrutinio. En la UAQ “se debate y se critica” para poder proponer soluciones que la sociedad demanda, asentó García Gasca. En este sentido, en su informe, la rectora resaltó algunos proyectos que han generado conocimiento para posibilitar el bienestar individual y social. La clínica universitaria de Santa Bárbara, por ejemplo, ha ofrecido más de 30 mil consultas médicas;  gracias a la investigación, se han utilizado nuevos tratamientos para hacer injertos de piel y el trabajo colaborativo entre facultades ha posibilitado proyectos sobre riesgos ambientales y sustentabilidad, entre muchos otros. La UAQ es un baluarte de la educación pública de México.  

Investigador de la UAQ

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