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Teorías y reformas

by Eduardo Gurria Barcenas
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Los aspectos teóricos de la educación consisten en una gran cantidad de aportaciones hechas por estudiosos, pedagogos, psicólogos, maestros y educadores, quienes a lo largo del tiempo y desde tiempos inmemoriales han venido contribuyendo a la mejora continua de las sociedades, como una manera de preservar, transmitir e incrementar el conocimiento, la experiencia y el saber en general de cada generación y con la intención de hacer del mundo un lugar mejor para todos, cosa que, a todas luces y lamentablemente, pocas veces se ha logrado; o no siempre o no en todo lugar o no en forma total.

Sin embargo, con cada etapa y con cada teoría, se va avanzando y de ese avance, se han obtenido conocimientos y valiosas experiencias acerca de la educación cada vez más certeros, sobre todo cuando la pedagogía se centra, principalmente, en el aprendizaje.

Así, el aprendizaje es el resultado del conocimiento y la experiencia, bajo el principio de que el todo es más que la suma de sus partes, es decir, a través del aprendizaje continuo y gradual, el estudiante va conformando estructuras cada vez más complejas, para luego detenerse en los elementos simples que forman la totalidad a la que se le llama conocimiento, de tal manera que el estudiante desempeña el papel de sujeto activo en la construcción de percepciones para darle sentido a la realidad a través de la construcción de su conocimiento.

Además de otros múltiples elementos que conforman el proceso de la enseñanza y el aprendizaje, el desarrollo de la capacidad y la necesidad de aprender son inherentes al ser humano, por lo que corresponde a todos los involucrados fomentar, desarrollar y optimizar esa capacidad y esa necesidad por medio de pedagogías acordes con el uso de la razón, es decir, como afirmaba el filósofo Michel de Montaigne (1533): “Formar la facultad de raciocinio, formar un espíritu ágil y crítico: he ahí la finalidad de la educación”.

Pero cuando un aspecto tan trascendental para el desarrollo de un país, como es la educación se deja al arbitrio de personas ignorantes e incapaces y a quienes nada interesa el que los niños y jóvenes aprendan y se conviertan en los futuros artífices del progreso, cuando la formación de la juventud se vuelve rehén, capital y bandera de intereses políticos, cuando la educación se deja al arbitrio de personas que carecen de eso precisamente: educación, de criterio y de una inteligente visión social, es entonces cuando todo lo aprendido sobre educación queda en la nada.

Ese ha sido el caso de la educación en México a lo largo de muchos años: la educación siempre ha sido un tema espinoso y sensible, pero también ha sido bastión de ideologías que nada tienen que ver con un proceso formativo y acorde con el devenir del tiempo y con las necesidades de la modernidad, es decir, las llamadas reformas educativas, lo único que han logrado es deformar a la educación, ocasionando graves daños y de raíz a quienes serán los encargados de la continuidad cultural y científica de nuestra nación.

Hoy, esta grave deficiencia se ha acentuado, ya que, además de todas las fallas y desaciertos que han tenido los irresponsables de la formación de la juventud mexicana a lo largo de nuestra historia, se suma una intención de un adoctrinamiento que niega toda capacidad de razonamiento, de pensamiento y de aspiración al desarrollo, la superación y la libertad, aterrizando la educación en un mero conductismo y en una ideología dirigidos a crear autómatas conformistas y de visión mediocre centrados en el culto a un hombre limitado por su propia ignorancia y crecido en el egocentrismo.

Ante ello, nos enfrentamos a una verdadera tragedia educativa con el nombramiento de Leticia Ramírez Amaya al frente de la SEP; un obscuro personaje con, apenas, una educación normalista como profesora de educación primaria y doce años de experiencia frente a grupo (dice), pero con una trayectoria dentro del esquema político obradorista, como sindicalista y funcionaria y cuyo único aval de su capacidad es el dicho del presidente de que la conoce desde hace 28 años, ¿eso le da las capacidades, conocimientos y aptitudes para estar al frente de la SEP y ocupar la silla que tan dignamente ocuparon grandes maestros como Vasconcelos, Torres Bodet o Agustín Yáñez?, sin embargo, así es; en esas manos está la educación de nuestros niños.

Sin duda, el actual gobierno pretende aniquilar toda forma de inteligencia y conocimiento y, para ello, ha impuesto a personas que nada tienen que ver con los puestos que hoy ocupan, pero que tienen la capacidad de serle incondicionales, sumisos y faltos de ética, dejando de lado uno de los más grandes valores que puede tener un ser humano: la dignidad.

El ataque al desarrollo, a la inteligencia, a la investigación y al conocimiento por parte del gobierno ha ido in crescendo a lo largo del sexenio; baste recordar el ataque al CONACYT, la anulación de becas y la, aún más grave, acusación a los investigadores pertenecientes a esa institución, o la propuesta de un “plan piloto” para primaria y secundaria para una (otra) nueva reforma cuyos contenidos curriculares no tienen ni pies ni cabeza; carecen de sentido, carecen de estructura, carecen de objetividad, pero salen más que sobrados en el fomento a la ignorancia y la mediocridad. Reforma llevada a cabo por seres anónimos y aborregados, y como resultado de una mera ocurrencia de alguien que siempre despreció a la educación y ha satanizado a quienes sí, en verdad, piensan.

Y, ¿qué decir de las “universidades” UBBJ?: nunca contaron con infraestructura, espacios, profesorado, REVOE, currícula, presupuesto ni equipos, es decir, fueron un engaño, una insistencia demagógica de campaña y una justificación para desviar y/o desperdiciar millones de pesos, engañando a tantos jóvenes que pudieron tener una esperanza de mejora y que ahora tan solo tienen una frustración.

Quedan los libros de texto gratuitos como muestra del adoctrinamiento basado en falsedades y populismos, el cierre de las escuelas de tiempo completo, el cierre de guarderías, los ataques a la UNAM y a sus egresados… y muchos más etcéteras que podrían llenar la caja de los agravios a la sociedad y a su derecho a la cultura, a la educación y a la superación.

No olvidemos: “…El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje en los educandos”. Art. 3º CPEUM.

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