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¿Buenos y malos alumnos?

Muchas veces y no solamente en nuestro país, la sociedad reproduce el etiquetar de alguna forma a las personas, situación que también se presenta en la escuela. Todas las niñas, niños y adolescentes NNA presentan curiosidad, asombro, coherencia, validez y gran potencial educativo de diferentes maneras, por lo que es necesario observarlos, escucharlos y poner atención en lo que cada uno es, en lo individual, en lo familiar y lo social, porque es un hecho de que siempre hay un ser pensante que trata de incorporar sus saberes a los modos en los que conciben todo lo que sucede a su alrededor.

Además, hay que tomar en cuenta que, para muchos, sus únicos escenarios de vida son la casa y la escuela y si en su casa el ambiente no es cálido ni motivador, sino por el contrario es represivo y violento, solo le queda el espacio escolar en donde la figura de sus maestros es crucial. Cuando se enseña y se guía el aprendizaje, necesariamente se proyectan conductas, sentimientos, formas de ser, hacer y sentir que podrían fomentar los vínculos de confianzas mutuas.  

Carina Kaplan, hace algún tiempo publicó su primer libro Buenos y malos alumnos. Descripciones que predicen, un texto que sigue siendo pertinente, porque invita a repensar las categorías con las que se nombra a las NNA la escuela, debido a la consecuencia que estas tienen en sus trayectorias educativas y la constitución de la autoestima escolar.  Escribe que no hay que reducirlos a una etiqueta, sino educar la mirada para ensanchar el horizonte de las posibilidades, porque etiquetar es deshumanizar y se ha comprobado que la escuela puede torcer destinos.

Al asomarnos a las aulas escolares, encontramos que aún se presentan muchas formas de discriminación y hasta de violencia, se utilizan etiquetas para quienes ven diferentes:  migrantes, afro mexicanos, morenitos, gorditos, chaparritos, pobres y hasta inteligentes o no, considerando a la inteligencia erróneamente como algo superior y a los demás con menor capacidad que los demás, cuando no es así, especialmente con quienes presentan una condición o discapacidad.

En el documental llamado Inteligencia, el poder del cerebro de los humanos”, se menciona que la ciencia explora las diferentes facetas de la inteligencia y la inteligencia implica relacionar, unir elementos diferentes para hallar soluciones. Toman en cuenta la diversidad humana, se hablan de inteligencias donde si influyen los genes, pero no son determinantes, porque el entorno es el que define la inteligencia, por lo que clasificar la inteligencia puede llevarnos a comentar errores que repercutan en nuestros alumnos, porque históricamente el llamado cociente intelectual ha provocado racismo, exclusión y discriminación.

Algunas personas con TEA (Trastornos del espectro autista) presentan inteligencia y creatividad. Josef Shovanec no hablaba una palabra a los seis años y actualmente domina siete idiomas, el expresa que formaba parte de esos niños destinados a la basura, porque durante mucho tiempo se pensó que los autistas eran discapacitados intelectualmente; hoy sabemos que esto no es así. Desde su punto de vista, la sociedad humana necesita una jerarquía, gente que marque la diferencia y tendemos a resolver todo bajo un criterio único, porque aún se siguen definiendo las capacidades humanas y la jerarquía por el cociente intelectual, lo que descansa en una sola escala errónea, de que hay una única manera de medir la inteligencia y quienes predican esas teorías se sitúan en lo más alto, utilizando la inteligencia como escala única de la humanidad.

Es un hecho que no podemos definirnos por una sola dimensión, inclusive la inteligencia tiene muchas facetas y la complejidad mental de cada persona es muy distinta, por ejemplo, un músico, podría no tener un cociente intelectual elevado, pero es un genio en lo que hace.  Hay por tanto diferentes formas de inteligencia y varía el nivel que podemos tener en cada una de ellas, lo que han aceptado los científicos es que la inteligencia no puede medirse con una escala única, por eso no es válido etiquetar a las personas y menos a los NNA.

Para resolver cualquier problema, se utilizan diferentes formas de razonamiento  y lo que llamamos inteligencia no es más que uno más,  la creatividad es otro modo de razonamiento y se ha llegado a la conclusión que la creatividad es un razonamiento básicamente diferente a la inteligencia y una persona puede ser a la vez inteligente y creativo  porque  son complementarios,  existen redes diferentes en el cerebro que nos permiten razonar, una corresponde al  razonamiento inteligente y otra el razonamiento creativo y las dos son extremadamente importantes.

Lo anterior, debería de estar presente en la mente y en las acciones de los docentes , ya que en la relación maestro-alumno , escribe Kaplan (1992) , el esquema perceptivo del maestro se conforma en base a un “porvenir probable que él anticipa”, donde las clasificaciones pueden presentarse como expresiones del “modo de ser maestro” Estas clasificaciones que realiza el maestro de los alumnos están ligadas al “modo social de ser maestro” Si bien existen diferencias individuales, concepciones docentes diversas, instituciones divergentes, hay algunas cuestiones homólogas que comparten los maestros por el hecho de ser tales. Sabemos que existen las diferencias y sabemos acerca de su riqueza. Ello no excluye la necesidad de ponernos a pensar acerca de los puntos patrones comunes del ejercicio de la docencia. Hablamos entonces de patrones en común y de matices individuales en las visiones de los docentes acerca del “mundo escolar” y, más específicamente del “mundo de los alumnos” (p. 3).

Al ser el maestro una figura institucional, reconocida y autorizada de la práctica pedagógica se comprende que sus actos de clasificación puedan contribuir de un modo más profundo, ya que al  estructurar la práctica escolar que se realiza en el aula,  el maestro ayuda a la construcción social de los alumnos nombrándolos, clasificándolos, etiquetándolos de acuerdo a sus propios esquemas perceptivos y valorativos lo que los influye, ya que ellos  van formándose un concepto de sí mismos y una autovaloración a través de las expectativas que les transmiten o suponen que sus maestros tienen de ellos como grupo y en lo personal.

¿Buenos y malos alumnos?  Si conocemos los esquemas con los que se clasifican a los alumnos, las valoraciones   que tiene de cada uno de ellos y el tratamiento diferencial que reciben, puede ayudarnos a repensar nuestras prácticas, enriqueciéndolas a la luz de nuestras expectativas. El logro de la igualdad de oportunidades para todas los NNA, no solo es un problema externo de la escuela, sino que la compromete en lo cotidiano.

Referencias
Kaplan, C. (1992) Buenos y malos alumnos. Descripciones que predicen. Aique. Bs. As. “Inteligencia, el poder del cerebro de los humanos”.                           

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