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Razones de una renuncia

El pasado 29 de febrero, la titular del Consejo Nacional de Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), María Elena Álvarez-Buylla Roces, comunicó, a través de su cuenta X, un pronunciamiento público que inicia y concluye con su renuncia a la Academia Mexicana de Ciencias.

En el dicho pronunciamiento reitera su crítica a la política nacional de ciencia y tecnología desarrollada en la era del “neoliberalismo”, en que “al amparo de una falsa innovación tecnológica transfirieron decenas de miles de millones de pesos al sector privado, colapsando a su vez la eficiencia en innovación en México y profundizando la dependencia tecnológica”.

En marcado contraste con la perspectiva neoliberal que permeó la actuación del Conacyt hasta la irrupción de la Cuarta Transformación, la autora del pronunciamiento destaca los que, a su juicio, son los “grandes logros” de su dirección: la recuperación del apoyo a la ciencia básica abandonado en 2017 y 2018; el fortalecimiento y recuperación del posgrado público; el aumento en el monto asignado a becas de posgrado; la consolidación y democratización del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores; la asignación de miles de becas a colegas con doctorado que fueron abandonados durante el neoliberalismo; la garantía del ejercicio pleno del derecho humano a la ciencia; la promoción de una Agenda Nacional de ciencia aplicada con incidencia social y ambiental; la recuperación de la soberanía tecnológica en áreas clave; así como el impulso y promoción de una administración con el sello de este gobierno.

En lugar de reconocer tales logros, continúa el pronunciamiento, “la construcción del Conahcyt ha sido combatida rabiosamente (sic) por sectores que se vieron beneficiados de manera ilegítima por el Conacyt neoliberal. Esto incluye tanto a sectores mediáticos y políticos conservadores opuestos a la Cuarta Transformación (…) como a personeros de intereses cupulares adscritos a IES públicas.” En este punto, se suma el papel de la Academia Mexicana de Ciencias, a la que la firmante califica de “caja de resonancia” de los posicionamientos de adversarios de la Cuarta Transformación “llegando a extremos vergonzosos con posicionamientos públicos y recientes auspiciados por recursos públicos en colaboración con el Instituto de Investigación en Políticas Públicas y Gobierno de la Universidad de Guadalajara.”

Al parecer, como se vulgarmente se dice, ahí salió el peine. El “extremo vergonzoso” resulta ser el libro Propuestas y reflexiones sobre el futuro de la política de ciencia, tecnología e innovación en México, editado por Enrique Cabrero Mendoza, ex director del Conacyt, y por José Antonio Seade Kuri, presidente de la AMC.

El texto en cuestión integra un conjunto de colaboraciones de notables personalidades y colectivos académicos, entre estos la Academia Mexicana de Ciencia y la Red Prociencia-Mx, que tienen en común, efectivamente, haber sostenido posturas críticas ante diversas actuaciones del actual Conahcyt, entre las cuales se incluye la supresión del Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología, así como la vergonzosa persecución jurídica de varios de sus integrantes acusados, por la Fiscalía General de la República de, nada menos, que delincuencia organizada; la cancelación de los fideicomisos para fondos mixtos y sectoriales; la propuesta de una centralista ley general de ciencia y tecnología; la progresiva disminución del gasto federal para actividades depropuestas y reflexiones investigación científica y desarrollo tecnológico; las modificaciones al programa de Cátedras Conacyt; la desatención a becarios del extranjero y la cancelación de los fondos para repatriación, el control vertical de los centros públicos de investigación; la discriminación a los integrantes del Sistema Nacional de Investigadores adscritos a IES privadas, entre otros aspectos.

Por cierto, el texto suscrito por la AMC, “Líneas generales para una Agenda Nacional de CTI 2024-2050”, se propone “contribuir al diseño de una política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) para los próximos 25 años”. Ejercicios similares planteó la AMC en 2012 y 2018, es decir documentos de propuesta y recomendaciones. Porque, ciertamente, una de las funciones del organismo es generar propuestas de política en materia de ciencia y tecnología, lo que ha hecho prácticamente desde su fundación.

No obstante, en opinión de la renunciante, “esta asociación civil se encuentra actualmente bajo el control de quienes, bajo un pensamiento neoliberal, han promovido intereses privados por encima del interés público. Son políticos adversarios revestidos de un disfraz académico que difícilmente oculta la naturaleza de sus alianzas con quienes se oponen en México al bienestar de las mayorías”.

La animadversión contra la AMC, así como, y en particular contra el doctor Cabrero, se remonta al inicio del actual periodo de gobierno. Una de las primeras decisiones fue cancelar el subsidio público a la Academia, lo que la colocó en un auténtico jaque financiero, que aún padece y está lejos de resolver. El doctor Cabrero fue objeto de la persecución judicial ya mencionada, y no es improbable que su designación como investigador emérito del SNII haya causado molestia en la esfera directiva del Conahcyt.

Tiene su lado paradójico que la doctora Álvarez-Buylla fuera, merecidamente, galardonada por la AMC en 1999 y por el Gobierno de la República en 2017, es decir en el auge del periodo “neoliberal”. Pero, en fin, las decisiones personales son inobjetables. Si la hasta hoy titular del Conahcyt opina lo que sostiene en su comunicación, hace bien en renunciar. ¿Qué va a ocurrir, con todo esto, en caso que el electorado favorezca a otra integrante de la AMC al frente de la presidencia de la República? Ese es un capítulo por escribir.

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