Catalina Paola Moreno Ávila / Coordinadora Senior en Radix Education
Cuando una estudiante de educación media superior comienza a pensar en su futuro profesional, rara vez toma esa decisión en un vacío. Sus intereses, sus habilidades y sus aspiraciones dialogan constantemente con los mensajes que recibe de su entorno: lo que dicen sus profesores, lo que espera su familia y lo que la sociedad le ha enseñado sobre qué profesiones “son para ella” y cuáles no.
Promover la igualdad de género en los campos STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— implica mucho más que despertar el interés de las estudiantes. Requiere transformar los entornos educativos y familiares que influyen en sus decisiones vocacionales. En este proceso, las personas responsables de la orientación, la tutoría y la docencia juegan un papel clave en la forma en que las jóvenes se imaginan —o no— dentro de ciertos campos del conocimiento.
La educación media superior representa un momento decisivo en la construcción de los proyectos de vida de las y los estudiantes. Es en esta etapa donde se consolidan intereses, se toman decisiones académicas relevantes y comienzan a delinear el rumbo profesional. Sin embargo, este proceso no ocurre en condiciones de igualdad para todas las personas.
La tasa neta de escolarización en educación media superior para jóvenes de 15 a 17 años fue de solo 62.7% en el ciclo 2024-2025, pese a una cobertura bruta del 74.8%. Esto significa que más de un tercio de esta población queda fuera del sistema educativo, con brechas socioeconómicas y regionales que limitan la consolidación de proyectos de vida y la toma de decisiones profesionales (Buzos, 2025).
Para las estudiantes mujeres, además, la elección vocacional está atravesada por estereotipos de género que influyen tanto en la percepción de sus capacidades como en las expectativas familiares y sociales. Como señala el Instituto Mexicano para la Competitividad, la decisión de carrera suele considerar gustos y habilidades, pero también factores como el costo, la oferta educativa local o los roles de género. En muchos casos, las mujeres tienden a elegir profesiones que les garanticen mayor flexibilidad laboral o jornadas más cortas (IMCO, 2022).
En este contexto, las áreas STEM continúan estando simbólicamente masculinizadas y son percibidas como complejas o inaccesibles para muchas jóvenes, lo que refuerza las brechas de participación femenina.
A estas desigualdades se suma el papel de la Orientación Vocacional dentro de las escuelas. Las personas responsables de la orientación, la tutoría, la asesoría y la docencia son figuras clave en el acompañamiento de las trayectorias estudiantiles. No obstante, en muchos casos no cuentan con las herramientas necesarias para identificar y cuestionar los sesgos de género que inciden en sus prácticas cotidianas. Como resultado, la orientación vocacional puede reproducir -—de manera no intencional— los estereotipos existentes, limitando las opciones que las estudiantes consideran posibles para su futuro (IMCO, 2025).
Frente a este panorama, se vuelve evidente la necesidad de estrategias que no se centren únicamente en las estudiantes, sino que intervengan de manera integral en la comunidad escolar: docentes, familias, estudiantes y autoridades educativas. Es decir, modelos que comiencen por sensibilizar y fortalecer las capacidades de los actores educativos y que posteriormente generen espacios de acompañamiento que permitan a las jóvenes ampliar sus horizontes profesionales.
Desde Radix Education partimos de una premisa clara: las decisiones vocacionales no son únicamente individuales, sino sociales y estructurales. Por ello, requieren intervenciones sistémicas que transformen tanto a las y los estudiantes como a los entornos que influyen en sus aspiraciones.
A partir de esta premisa se diseñó el Modelo de Orientación Vocacional, concebido como una estrategia integral para promover la igualdad de género en los campos STEM desde la educación media superior. El modelo reconoce que las decisiones vocacionales no se construyen únicamente al interior de la escuela, sino dentro de un ecosistema más amplio donde interactúan la comunidad educativa, las familias, los medios de comunicación y el contexto sociocultural.
La estrategia se estructuró en tres fases progresivas y complementarias: la primera orientada a sensibilizar a la comunidad educativa; la segunda enfocada en fortalecer las capacidades de docentes y personas orientadoras; y la tercera dirigida a ofrecer a las estudiantes espacios de acompañamiento directo mediante mentorías entre mujeres.
Con esta estructura, y en colaboración con UNICEF México, se implementó un programa piloto en los estados de Baja California y Chihuahua, contextos donde las dinámicas económicas y productivas hacen especialmente relevante la participación de talento femenino en áreas STEM.
Los resultados del programa piloto implementado durante 2025 ofrecen algunas señales alentadoras. En la fase de sensibilización, 393 figuras educativas participaron en el taller inicial. Posteriormente, 175 docentes concluyeron el curso de formación especializado en orientación vocacional con perspectiva de género.
En la fase de mentorías participaron 10 planteles educativos, con 15 docentes coordinando las actividades, 27 mentoras y 141 estudiantes mujeres en calidad de aprendices.
Los cambios en la percepción y las prácticas educativas fueron significativos. Al inicio del programa, el 37% de las personas participantes desconocía el significado de “STEM” y reportaba comprender cómo los estereotipos cotidianos influyen en la orientación vocacional. Tras las fases de sensibilización y formación, el 83% señaló contar con mayores herramientas para abordar estos temas y el 80% afirmó que el curso contribuyó a transformar su práctica educativa.
En el caso de las mentorías, aunque la participación fue menor en número, el impacto directo en las estudiantes fue especialmente relevante. La motivación para desafiar estereotipos y barreras de género pasó del 41.4% al inicio del programa al 97.9% al finalizarlo. El interés por explorar trayectorias académicas o profesionales en STEM aumentó del 53.6% al 65.3%, y el 82% de las estudiantes calificó la experiencia de mentoría como “muy útil”, destacando la empatía y la identificación con sus mentoras.
Estos resultados ofrecen aprendizajes valiosos para el diseño de políticas y programas orientados a reducir las brechas de género en la educación media superior. La evidencia sugiere que intervenir de manera temprana y sistemática en los procesos de orientación vocacional puede generar cambios significativos en la forma en que las estudiantes imaginan sus posibilidades académicas y profesionales.
La equidad de género en los campos STEM no se alcanza únicamente ampliando el acceso a la información. Requiere generar experiencias significativas de acompañamiento, reflexión y construcción de referentes que permitan a las jóvenes verse a sí mismas como parte de estos espacios.
En un contexto donde los desafíos científicos y tecnológicos demandan cada vez mayor diversidad de talento, apostar por modelos de orientación vocacional con perspectiva de género no es solo una cuestión de justicia educativa: es también una apuesta estratégica para el desarrollo social y económico del país. El talento y las perspectivas que aportan las mujeres no solo amplían las oportunidades individuales, sino que fortalecen la capacidad colectiva para innovar y enfrentar los retos del futuro.
El desafío ahora es pasar de los esfuerzos aislados a las acciones sostenidas. Escuelas, instituciones públicas, organizaciones civiles y tomadores de decisión tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de fortalecer y escalar este tipo de iniciativas. Crear condiciones para que más niñas y jóvenes puedan imaginarse, prepararse y desarrollarse en los campos STEM no solo transforma trayectorias personales: contribuye a construir un futuro más equitativo, innovador y sostenible para todas y todos.
Acerca de la autora
Catalina Moreno es Coordinadora Senior en Radix Education, donde coordina y lidera programas de alto impacto enfocados en el desarrollo infantil temprano, perspectiva de género, y desarrollo de habilidades; así como, la medición de impacto y la gestión de alianzas para asegurar calidad y mejora continua. Cuenta con experiencia docente en educación inicial. Es Maestra en Liderazgo y Educación por EDRADIX, con especialización en Primera Infancia.
Referencias
- Buzos. (2025, 21 de diciembre). Promesas y perspectivas de la educación en México. https://buzos.com.mx/noticia/promesas-y-perspectivas-de-la-educacion-en-mexico
- Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). (2022, octubre 13). La selección de carrera profesional profundiza las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral. Recuperado de: https://imco.org.mx/la-seleccion-de-carrera-profesional-profundiza-las-desigualdades-entre-hombres-y-mujeres-en-el-mercado-laboral/
Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). (2025, 11 de febrero). Carreras (STEM) sin género. Recuperado de: https://imco.org.mx/carreras-stem-sin-genero/
